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c/LiteraturaESP by u/fictograma 1d ago fictograma.com

Los Viajes De Shin

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# **Capitulo Seis: Alabanza al fuerte**

Ambos mantenían su mirada fija en los ojos del otro.

El humo se disipaba poco a poco permitiendo que Shin pudiera ver un poco más alrededor mientras daba pasos lentos hacia atrás.

Sus ojos buscaban su arma por el suelo y a su compañero, pero lo único que vio fueron escombros y cadáveres.

Omerys, el hombre de armadura dorada, giró su espada en su mano y la levantó hacia ella señalándola con la punta mientras mostraba una cara complaciente, hasta casi agradecida.

—Hubiera odiado al destino si alguien hubiera acabado con tu vida, Tiranía…

Shin ni siquiera miró la amenaza de la espada. Solo bajó los brazos dando otro paso hacia atrás de manera lenta.

—Yo ya odio al destino por tener que verte otra vez…

Comentó sin más mientras sus cejas se arqueaban. Sacó lentamente un cuchillo curvado del cinturón de su armadura, lo hizo girar en su dedo índice antes de apretarlo con fuerza y lo levantó como su única defensa.

—Tienes que pagar cada ofensa contra nosotros, Tiranía… —Apretó su espada con ambas manos, inclinándose hacia ella, arrastrando su pie hacia atrás con la hoja levantada— Un triste cuchillo no cambiará eso…

—La única ofensa que he cometido… —Se mantuvo firme con el cuchillo— es no haberte matado junto con tu hermano, Primo…

Fue así como él se lanzó hacia ella con un tajo inclinado, tajo que ella repelió a duras penas con el cuchillo dando un salto hacia atrás, concentrándose en los movimientos de Omerys mientras buscaba por el suelo su mandoble o alguna espada que pudiera blandir. Cualquier cosa era más útil que ese cuchillo de último recurso.

Omerys se lanzaba contra ella con una fuerza y velocidad bestial. Cada movimiento de su espada y cada tajo que lanzaba solo hacía que Shin retrocediera más y más mientras se defendía con el cuchillo que sacaba chispas cada vez que ambas hojas chocaban.

Una vez que Shin se dio cuenta de que nada en el suelo podía ayudarla, se resignó a dejar de mantenerse a la defensiva y comenzó a centrarse de lleno en Omerys, buscando en sus pies y movimientos alguna grieta. Grietas que se hacían más visibles a medida que el hombre lanzaba ataques más desesperados.

Una de esas grietas permitió a Shin agacharse y acercarse con un paso largo por debajo de su brazo. Lanzó un corte hacia el cuello descubierto de Omerys buscando acabar lo más rápido posible, pero fue cortada de golpe por un rodillazo en el estómago tan fuerte que partió esa parte de su armadura, para luego ser golpeada en las costillas por el puño de Omerys, el cual la lanzó varios metros hacia el lado.

Shin se arrastró por el suelo dando vueltas hasta golpear de espalda contra un tanque en llamas que detuvo su arrastre.

El golpe en el estómago hizo que partes de su armadura cayeran al suelo y que de su boca brotara un chorro de sangre mientras levantaba la mirada hacia Omerys apretando los dientes de rabia.

Omerys caminaba lento hacia ella con rostro sereno mientras Shin tosía y se ponía derecha otra vez, mirándolo con rabia y asombro.

—Perder a Valkian… —Escupió hacia un lado y sonrió con arrogancia— Te hizo realmente sacar tu potencial, Omerys…

—Perder a mi hermano por culpa tuya me hizo darme cuenta de mi debilidad. Por eso… te agradezco, querida Tiranía…

Comentó antes de lanzarse otra vez hacia ella de un salto.

Shin esquivó hacia un lado dejando que la hoja de Omerys golpeara el metal del tanque hundiéndose en este. Lo aprovechó para enredar su brazo en el de Omerys y con fuerza tiró hacia arriba, rompiendo el codo con un sonido crudo entre hueso y metal de armadura.

Este soltó la espada y Shin pateó su pecho para hacerlo retroceder, sacando ella misma la hoja antes clavada y blandiéndola mientras miraba a Omerys, el cual gruñía sosteniendo su brazo roto con la otra mano.

—Sigues siendo débil comparado con Valkian… —Comentó ella a la vez que se impulsó hacia él— ¡Él sí tenía espíritu!…

Omerys levantó la mirada y usó su otra mano como escudo apretando los dientes.

Shin impactó la hoja contra la palma de Omerys, pero más que con su mano esta impactó con un calor enorme que se desprendió de ella, un calor tan intenso que fue capaz de derretir el metal de la espada en cuestión de segundos como si nada.

Shin tuvo que dar un paso hacia atrás y lanzar la empuñadura derretida al suelo mientras miraba a Omerys, el cual se envolvió en un aura rojiza que desprendía calor.

No era fuego como tal, ya que no había llamas, pero irradiaba un calor abrumador. Un calor digno de aquel que era venerado como el dios del eclipse, el hijo del Primigenio del sol.

Omerys hizo un movimiento firme con su brazo roto, el cual crujió. Luego de otro movimiento su brazo parecía haberse curado como si nada, y esto sacó una mueca molesta a Shin, la cual seguía adolorida por el golpe en el estómago.

—El espíritu y la admiración de mi hermano… —Comentó él mientras miraba su mano— Fueron lo que causaron su desgracia… —Levantó la mirada hacia Shin apretando el puño— Yo no cometeré ese error contigo…

Ambos primos cruzaron miradas otra vez, esta vez con el aura solar de Omerys derritiendo el suelo bajo sus pies.

Shin se vio obligada a relajar sus músculos. Esta no sería una batalla solo cuerpo a cuerpo. Sabía que esta vez tendría que usar su poder como nacida de dioses.

Sus ojos rojos dieron un leve destello antes de que desapareciera frente a él de manera súbita, dejando caer plumas negras de cuervo que se desvanecían en el aire, para luego aparecer detrás de él cargando un puño directo hacia su costado.

Puño que fue detenido por el rápido movimiento de Omerys con el golpe de su propio puño. El impacto hizo temblar el suelo bajo ellos causando un cráter a sus pies.

Ambos comenzaron una sucesión de golpes que no llegaban a impactar del todo, repelidos o esquivados por ambos, pero el aura de Omerys se volvía opresiva para Shin, que parecía agotarse por el calor extremo a solo centímetros de ella. Calor que prendía en llamas los ornamentos de su armadura y su capa de plumas.

Tuvo que dar un paso hacia atrás pero fue interrumpida por el rápido movimiento de Omerys hacia el frente, el cual golpeó por segunda vez su estómago ahora descubierto enviándola a volar por el aire.

Chocó contra una montaña mucho más alejada de la fortaleza, una montaña que se estremeció cuando ella cayó dejando un cráter de escombros y humo.

A ese impacto llegaron soldados de la República que estaban en posiciones defensivas, territorio tomado mucho más allá del frente de batalla. Rápidamente apuntaron sus armas hacia ella con expresiones varias. Sorpresa, miedo, asombro. Pero poco les duró cuando desde las nubes la figura de Omerys se impuso flotando sobre todos ellos con las manos levantadas al aire.

En ellas una gran esfera roja y luminosa comenzaba a crecer mientras el sol sobre ellos poco a poco parecía apagarse y la esfera tomaba más tamaño y color.

—¡Contémplame!… —gritó él—¡Tiranía!…

Shin escupió sangre mirando hacia el cielo donde la gran esfera ya enorme fue lanzada hacia ella, y no solo hacia ella.

A su alrededor todos los soldados de la República comenzaron a correr en pánico mientras ella se ponía de pie lentamente, su cuerpo comenzando a arder por lo que parecía ser el mismo sol cayendo sobre ella.

Lo único que pudo hacer fue cruzar los brazos en equis para cubrirse y plantarse con fuerza en el suelo.

Solo un segundo bastó para que el impacto de la gran esfera la alcanzara y explotara de manera violenta con el poder de mil bombas o más.

Todo a su alrededor comenzó a ser devorado por la explosión, por el fuego y por la onda de choque tan caliente que derretía todo a su paso. El suelo, la maquinaria y los propios soldados de ambos bandos no tuvieron tiempo para nada antes de que aquel calor los derritiera hasta los huesos para luego pulverizarlos.

La onda se expandió por todo el planeta como si un meteorito hubiese caído sobre él.

Shin no sintió el impacto.

Sintió el calor durante un instante, un calor tan absoluto que dejó de ser dolor y se convirtió en otra cosa. Y luego el calor desapareció.

No lo reemplazó el frío. Lo reemplazó la ausencia de todo.

Ni sonido, ni peso, ni tierra bajo los pies. Solo oscuridad y la sensación extraña de que algo tiraba desde abajo, desde un lugar que no debería existir, con una paciencia que no era humana ni divina. Intentó moverse. No pudo.

Intentó pensar en Settdrik, en la legión, en el Imperio que la necesitaba.

La oscuridad no le respondió. Solo tiró un poco más fuerte.

Algunos soldados más alejados, los que estaban en la fortaleza, lograron evacuar a duras penas junto a la legión. Algunos transportes cayeron en el aire producto de la onda antes de lograr salir fuera de la atmósfera, desde donde se podía ver cómo el planeta era consumido por el caos.

Elisium comenzó a partirse a la mitad. Y desde esa fractura abierta en sus entrañas nació un agujero negro masivo que comenzó a tragar cada escombro, cada resto de lo que había sido un mundo, todo lo que estuviera demasiado cerca.

Settdrik y los miembros de la legión habían logrado llegar al Sueños de Dragón, pero todos miraban atónitos y con horror cómo el planeta se separaba y el abismo crecía. Y con aún más horror al saber que Shin no había podido escapar.

Con un nudo en la garganta, Settdrik encendió su comunicador.

—No tenemos… señales de la princesa Shin…

Sus palabras solo dejaron silencio en el transporte que hacía su entrada al Sueños de Dragón. Silencio que se mantuvo en todas las comunicaciones durante varios minutos.

Elisium había sido destruido.

Y con él, Shin Lorian.
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