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c/LiteraturaESP by u/fictograma 3d ago fictograma.com

Proyecto 91. Capítulo 8: Ciudad del Crimen. Parte 1

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Los árboles formaban el frondoso bosque, mezclados con vegetación y hojas secas que marcaban el inicio del otoño. Ahí, entre la extensa vegetación, caminaba una figura peculiar; tenía cuernos en la cabeza y una piel recubierta de escamas de color negro azabache y rojo carmesí, si fuera un animal sería realmente hermoso y exótico. El problema era que la figura, bípeda, distaba mucho de ser uno.

Cada paso dejaba en el suelo una huella marcada, rápidamente cubierta por las hojas secas que se levantaban con la pisada.

Se trataba nada más y nada menos que de Jack.

La anterior batalla en las ruinas de Halden le había dejado algunas heridas, aunque la mayoría de sus escamas rotas ya se recuperaron y el dolor de los impactos disminuyó considerablemente, aún quedaban algunas cicatrices por sanar. Especialmente las generadas por proyectiles de alto calibre, en su lugar habían costras de sangre coagulada que mostraban un rápido proceso de sanación, lo que le permitió caminar sin molestias considerables.

Además, la densidad ósea de su cuerpo lo hacía sumamente resistente junto con sus duras escamas de queratina. Y los tensos músculos situados en zonas blandas amortiguaron muchos de los impactos, evitando heridas profundas que alcanzaran órganos internos.

Caminó sin preocupaciones, había hecho paradas durante el trayecto para descansar y alimentarse, sin embargo, no podía darse el lujo de establecerse o lo encontrarían rápidamente, era consciente del peligro que representaban aquellos que lo buscaban; tener otro enfrentamiento directo sin prepararse ahora sería una decisión sumamente tonta.

Los soldados habían mostrado una coordinación que superó sus expectativas, lo que significaba que habían aprendido y formulado estrategias en base a su primer enfrentamiento, no sería extraño que ahora volvieran más preparados, aunque primero deberán encontrarlo.

Él conocía este hecho perfectamente, si bien se había preparado y gracias a eso no representaron un peligro significativo, era cierto que tampoco le fue tan fácil como para salir totalmente ileso, esto se debía a que su entrenamiento no era lo bastante preciso como para demostrar todas sus capacidades, pero sí lo suficientemente efectivo como para funcionar y sobrevivir.

Se desplazaba hacia el oeste desde las ruinas de Halden, de repente, entre la espesura del bosque, un espacio abierto se había revelado. En el mismo, las vallas surcaban una finca que se encontraba en el centro del espacio. La residencia no mostraba signos de deterioro, lo que suponía que aún estuviera habitada.

Jack se limitó a observar antes de seguir caminando, no quería ser descubierto, principalmente porque no tenía prendas que lo cubrieran. La túnica que usaba en un principio quedó tan destruida que ni siquiera servía para taparlo, de hecho, desde la emboscada en Kallin, no pudo traer nada de lo que llevaba consigo. Tampoco vio la necesidad de conseguir ropa nueva; no quería acercarse a una ciudad y correr el riesgo, sabía que si reforzaron la vigilancia en Kallin, no sería la única ciudad. Y si se detenía… lo encontrarían.

En la distancia, un hombre de edad avanzada parecía salir de la vivienda, comenzó a revisar los surcos, en busca de cualquier falla que advirtiera de la presencia de depredadores en la zona, lo hacía de manera tan natural que cualquiera que lo viera podría adivinar que era rutina de todos los días. Jack vio al hombre desde la distancia, al hacerlo, comenzó a rodear la finca moviéndose entre los árboles y la maleza, tener contacto humano en esta condición sería una idea estúpida.

Mientras el hombre de edad avanzada revisaba los surcos, algo en la distancia llamó su atención, al mirar en la maleza, sólo alcanzó a ver una figura negra desaparecer entre los árboles.

—… Parece que tendré que revisar las trampas para osos.

Jack percibió el cambio en la mirada del hombre, sus sensores químicos le avisaron justo en el momento adecuado antes de ser completamente descubierto, gracias a esto, pudo reaccionar y ocultarse rápido. El hecho de que casi lo descubrieran hablaba muy bien de los sentidos alerta de aquel hombre, y es algo esperado cuando se vive en un entorno aislado como ese.

Solo entonces, el hombre se dio la vuelta y se dirigió a la vivienda, momento en el cual él aprovechó para continuar moviéndose y alejarse.

El tipo entró y tomó una escopeta colgada en la sala principal, donde exhibía la cabeza de un alce con sus grandes cuernos y un oso en un mural.

—¿Qué pasa cariño? —Se escuchó la voz de una anciana.

—Parece que hay osos merodeando, iré a revisar.

—¿Osos? Ten cuidado.

La mujer sonaba preocupada, ciertamente ya era otoño, por lo que la actividad metabólica de los osos se elevaba; es el proceso natural en el que se preparan para la hibernación. Por ende, no es extraño ver mayor actividad y agresividad en estos animales en aquellas épocas.

—No te preocupes, volveré enseguida.

Con su respuesta, el hombre salió y se dirigió al bosque.

A pesar del cielo gris, el día aún permanecía con claridad y un suave viento de otoño soplaba desde el sur. El anciano caminaba entre la maleza, inspeccionando los alrededores. Revisó las trampas para osos, sin embargo estaban intactas, como si las hubieran evitado deliberadamente. A pesar de esto las miró más de cerca, pero para su sorpresa no presentaban defectos.

No existía registro de osos capaces de evitar trampas de forma deliberada, de ser así, dichas herramientas no tendrían sentido. Aún así no le dió muchas vueltas al asunto, sea un oso o no, estaba claro que había eludido las trampas y ahora merodeaba cerca de su finca.

Los minutos pasaban pero a pesar de ello, el tipo seguía buscando los rastros. Su persistencia era claramente la de una persona que sobrevive en un bosque, estaba decidido a encontrar al oso, por lo que buscó huellas. Y las encontró, pero no eran como lo esperaba; no parecían las huellas de un oso en lo absoluto, sobre el suelo, apenas cubierto por hojas secas, cinco dedos largos dejaron su rastro con firmeza, las huellas recordaban a las de un terópodo; un animal extraño cuya taxonomía se compara a la de aves y reptiles. Sin embargo no hay terópodos vivos en el mundo, y nunca existió uno que poseyera cinco dedos.

Dirigió su vista a los alrededores, posicionando el dedo firme sobre el gatillo mientras vigilaba con la mirada, lo que marcaba su experiencia y sentidos alerta. Tal eran sus sentidos que no se le escapaba el más mínimo ruido de los pasos en el bosque. Aún así, incluso con ello, no fue capaz de darse cuenta que desde la maleza alguien lo observaba.

La figura, de cuya cabeza sobresalían dos cuernos en forma de una tenue s acostada, no era otra que Jack. Tenía un sentido del peligro hiperdesarrollado, era capaz de sentir los más mínimos cambios en su entorno; no fue una habilidad con la que naciera, fue el producto de haber vivido situaciones de vida o muerte sumado al hecho de que al menos, hasta donde se sabe, ya no era humano del todo.

Sus cuernos, cuya estructura principal eran unas sólidas protuberancias óseas recubiertas de una fuerte capa de queratina, presentaban microscópicos orificios conectados a terminaciones nerviosas, las cuales enviaban una rápida información al cerebro. Estos orificios funcionan como sensores químicos; de forma análoga a los sistemas quimiorreceptores presentes en las serpientes.

Gracias a esto, Jack no solo podía sentir la presencia de seres vivos alrededor de su entorno, sino que además también podía sentir ligeros cambios en sus feromonas. De esta forma sabía si la presencia era hostil, estaba asustada o, como en este caso, si se encontraba en estado de alerta.

Una única pregunta cruzó su mente.

***¿Qué debería de hacer***

Podría eliminar el peligro inmediato y asegurar una posible variable que delate su posición, sin embargo hacerlo claramente despertaría sospechas, e incluso si lo quisiera, un sabor amargo recorría su lengua de solo pensarlo, como un sabor que su cuerpo rechazaba de forma instintiva.

Mientras el hombre merodeaba en alerta, Jack solo se limitó a observarlo, preparado para cualquier imprevisto que surgiera, cada músculo de su cuerpo estaba listo para saltar en cualquier momento, cada garra en sus dedos apuntaba con firmeza al suelo. Y una tensión sutil se esparcía en el aire; su dudosa mente era lo único que impedía agazaparse hacia su objetivo.

—Uhh

Finalmente, para bien o para mal, Jack suspiró. A pesar de la situación que se desarrollaba frente a él, pensó que lo mejor era quedarse quieto, aunque aquel hombre representara una variable, seguía siendo un ser vivo que no tenía nada que ver con su propio conflicto.

Gracias a esto, optó por ocultarse y esperar a que pase el peligro. No recordaba mucho de su pasado más que fragmentos merodeando en el mar de su memoria, pero eso no significaba que no hubiera sido humano. Hasta ahora había tenido que matar para sobrevivir, aunque la sola idea de hacerlo le disgustaba; Jack aún conservaba un principio de moralidad, razón por la cual se movió en base al mundo que recordaba. Prefería evitar el conflicto de ser necesario y tenía una vaga idea de aquello que estaba bien y aquello que estaba mal.

Al final, luego de un largo tiempo, tras no encontrar nada más que huellas extrañas, el señor decidió retirarse, asumió que ya no había un peligro inmediato y por tanto volvió hacia su casa. La extraña imagen de aquellas huellas quedó grabada en su mente pero ahora no era tiempo para preocuparse por ello.

***Quizás… solo fue un oso grande***

Buscó la explicación más lógica mientras se retiraba.

Solo cuando se alejó lo suficiente, Jack reanudó su camino.





Cerros era una ciudad grande, rodeada por bosques densos de coníferas y cadenas montañosas que la aislaban del resto del territorio. Por su geografía la llamaban la ciudad empinada. Sin embargo, con el tiempo ganó otro nombre, uno mucho más difícil de ignorar: La ciudad del crimen.

Su ubicación limitaba todo lo que entraba y salía. En un principio, cuando la guerra estaba en su apogeo, esto fue una clara ventaja. Pero ahora, lo que comenzó como una ciudad protegida por su geografía, terminó convirtiéndose en un punto ciego para el resto del territorio.

Los habitantes solían mirarse con reojo, como si algo pudiera suceder en cualquier momento. No era paranoia sin fundamento, sino el resultado de años viviendo bajo condiciones que nadie terminaba de controlar.

Las fuerzas de seguridad eran laxas, casi ausentes en ciertos sectores, lo que alimentó el rencor de los ciudadanos hacia el sistema. Por eso, policías y militares no eran bien recibidos.

Aún así, permanecían… incluso bajo las miradas hostiles que los seguían en cada calle.

En las entradas de la ciudad, los militares se posicionaban efectuando controles, siguiendo el protocolo que se había ordenado.

En la entrada Este, conectada a una ruta que atravesaba los densos bosques extendidos a lo largo, un vehículo patrulla se acercaba. Al volante, una mujer conducía; su cabello atado, uniforme azul, y la seriedad expresada en su rostro, contrastaba con su hermosa apariencia.

Se trataba de Malena.

Había viajado desde Kallin hasta aquí con un propósito claro, aunque el viaje había sido agotador, aún tenía mucho por investigar en la ciudad. Pasó los controles y se dirigió hacia el hotel más cercano; necesitaba descansar antes de continuar.

Al bajar del auto, la atmósfera parecía pesada. No por el clima, sino por la gente; más de una mirada se posicionó sobre ella y más de una conversación se cortó al observarla. Malena estaba acostumbrada a las miradas de las personas, sin embargo, contrariamente a sus expectativas los ojos que se dirigían hacia ella parecían guardar una hostilidad únicamente contenida por las leyes del sistema. Incluso así, siguió su camino hacia la puerta del hotel sin prestar demasiada atención a sus alrededores.

Al entrar, la recepcionista situada detrás del mostrador, no pudo evitar desviar la mirada al ver a la mujer de uniforme que se acercaba hacia ella.

—¿En qué puedo ayudarla?

—… Necesito una habitación, ¿tiene disponible?

El tono de la recepcionista era directo, sin rastro de cordialidad en sus palabras, Malena no pudo evitar sospechar ante la inusual atmósfera que rodeaba toda la ciudad.

La recepcionista sacó una llave de debajo del mostrador en respuesta a su petición y se la entregó.

—Habitación 45, piso 1… son 5 terales por noche.

—Me quedaré varias noches, conserve el cambio —Dijo Malena, arrastrando un par de billetes hacia la recepcionista.

Entonces subió hacia su habitación. La puerta, descuidada y maltratada, rechinaba sus bisagras con un sonido tétrico que le daban la apariencia de una estructura antigua. En el interior no había mucho que ver, solo una cama que apenas había sido ordenada y una ventana cuyas persianas ya estaban rotas. Habría sido difícil de creer que dicha habitación costara 5 terales por noche, después de todo, el precio se acercaba al valor de un hotel de 3 estrellas. Sin embargo, Cerros no podía ser una ciudad normal en ningún sentido.

Malena se sentó en la cama al costado de la ventana mirando las calles de la ciudad.

Podría decirse que Cerros no tenía nada que envidiar a otras ciudades en cuanto a arquitectura. Pero eso era antes. Ahora, las calles se veían descuidadas y mediocres al igual que muchos edificios. E incluso así, los precios eran altos, lo que a lo largo del tiempo hizo que muchos se preguntaran: “¿Qué está haciendo el Estado para descuidar un lugar tan excepcional?”

Habría sido una pregunta muy fácil de responder si no se tuviera en cuenta su difícil acceso.

Malena no pudo evitar sentir un poco de lástima por los habitantes de la ciudad, pero ahora no era tiempo de pensar en ello. Al final se recostó y cerró los ojos, no pasó mucho tiempo antes de que se quedara dormida, aunque Cerros no parecía ser un lugar en el que alguien pudiera descansar en paz.





Los edificios aparentemente abandonados delineaban con el bosque montañoso y la brisa levantaba las hojas secas caídas de los árboles que bloqueaban las corrientes de viento que golpeaban desde el sur.

Ahí, donde los ojos de la mayoría no llegaban, un niño de alrededor de unos 10 años, estaba parado delante de una niña de unos 8 años. Su expresión era seria y parecía estar protegiendo a la niña, aunque estaba asustado; los moretones en las caras de ambos delataban sus rostros maltratados y malheridos. Delante de ellos, tres hombres estaban parados mirándolos con sonrisas maliciosas, como si su desafortunada situación los hiciera sentirse a gusto.

—Niño, ya te lo dije, si no obedeces no les irá bien a ninguno de ustedes.

—¡No dejaré que te acerques!

—Mira eso, niño, nos han hecho correr mucho, ahora me toca a mí divertirme.

—¡Bastardos! ¡No…!

Entonces el líder, que estaba al frente, le pegó, apartándolo a un lado. Aún así, el niño se recompuso y volvió a atacar.

Golpeó, arañó, intentó sostenerlo, pero no fue suficiente para derribar al adulto. Y en su desesperación lo mordió.

—¡Aaghh! ¡Maldito niño! —Gritó el hombre, y de un solo golpe lo envió al suelo.

—¡Hermano! —La niña que estaba detrás arrodillada en el suelo gritó.

—Hmp, si no te hubieras escapado esto no habría pasado. considéralo tu culpa por ser tan imprudente.

—Y-yo…

Ella sólo podía mirar llena de lágrimas e impotencia, su precaria situación comenzaba a desesperarla.

***¿Por qué…?***

—N-no dejaré que l-la lastimes —Dijo el niño con una voz débil, arrastrándose por el suelo, mientras sostenía la pierna del maleante.

—Jaja, pequeño bastardo. Debo admitirlo, tienes huevos. Pero no es suficiente, ¿Sabes?… Te presentaré a mi amigo “Jerry”, a él le dicen el rompehuesos, ¿quieres saber por qué?

Ante dichas palabras, Jerry, un tipo de complexión grande, alto y calvo se acercó al niño tirado en el suelo.

—Veamos, eres rápido para correr, entonces… Pártele una pierna.

***¡No!***

El niño cerró los ojos con fuerza, la simple idea de que le partieran la pierna le generaba una sensación de crisis y un dolor que no quería conocer.

***alguien, por favor***

—Jeje.

Jerry estaba por tomarle la pierna cuando de repente…

—Así que te gusta jugar con niños…

Se oyó una voz en la distancia.

—¡¿Quién?!

El líder del grupo miró en la dirección de la voz, provenía del bosque. Pero eso no era lo más extraño, sino que el hombre que se acercaba, alto y robusto, estaba completamente desnudo.

Era Jack.

—Déjalos —Dijo.

—Mira eso, ¿Quién es este depravado?. Oye, idiota, no tengo tiempo para lidiar contigo ahora; podras divertirte con los niños todo lo que quieras cuando termine, pero como podras ver ahora, yo llegué primero. Así que…

—Quizás no me expliqué bien. No estoy preguntándote.

Su mirada era firme, imperturbable, lo que hubiera ocasionado un miedo instintivo en muchas personas. Y de hecho lo hizo, el líder no pudo evitar flaquear ante su fija mirada, como si hubiera algo detrás que podría atravesar sus ojos.

Jack había estado observando la situación desde la distancia; originalmente prefería no meterse en problemas ajenos, pero cuando vio a los dos niños siendo prácticamente abusados despiadadamente, un sentimiento de enojo surgió desde lo más profundo. Era como si supiera que golpear a un niño está mal; incluso para alguien calculador como él ésta fue una situación que no pudo dejar pasar.

—Ja, supongo que uno no sabe aprovechar la vida hasta que se encuentra con la muerte. Jerry, encárgate.

—Será divertido, jeje.

Jerry no pudo evitar sonreír ante la orden, parecía que estaba esperándola. Se acercó hacía Jack con esa misma sonrisa frívola. era solo unos centímetros más alto y un poco más ancho, pero Jerry no se quedaba atrás; tenía confianza en sí mismo, había luchado toda su vida, su fuerza, su experiencia y su brutalidad a la hora de la batalla lo hicieron un luchador de vastos conocimientos, derrotando a hombres más grandes que él y ganándose incluso el apodo de “Rompehuesos”.

No fue un apodo en vano, se lo ganó porque hasta ahora, ninguno de sus oponentes había quedado con sus huesos completamente sanos.

—Jeje, tienes confianza hombrecito, pero no te conviene jugar a esto —Dijo mientras lanzaba su puño directo al rostro de Jack.

Sin embargo, contrariamente a sus expectativas, Jack esquivó su golpe y entonces sintió un fuerte dolor en sus costillas. Tal fue la fuerza que lo dejó sin aire; dos de sus costillas se habían roto. Pero lo peor no fue eso, sino que ni siquiera pudo ver venir el golpe.

***¿En qué momento?***

No tuvo oportunidad de contraatacar, se sentía como si una bola de acero lo hubiera impactado de lleno. Jack había controlado su golpe, lo suficiente como para no matar a su oponente. entonces pasó por al lado de Jerry y dijo.

—Cuida bien mi ropa, volveré enseguida.

Y entonces, Jerry cayó de rodillas mientras él se acercaba a los 2 hombres restantes.

El líder, sorprendido, no pudo evitar mirar con incredulidad. Ciertamente Jerry era fuerte, y justo ahora ese hombre fué derrotado de un solo golpe.

—¿Q-quién eres?

—Te dije que los dejaras en paz.

—T-tu, ¿Crees que puedes venir aquí y actuar como quieras? ¡Simon!

Entonces los dos maleantes desenfundaron sus cuchillos y lanzaron ataques contra Jack. Por el contrario, él esquivó, atrapó e inhabilitó las muñecas de los agresores.

—Aaghh.

Golpeó sus brazos, las rodillas, y el abdomen de los hombres de manera controlada y precisa. En menos de 10 segundos ambos cayeron al suelo.

El niño, que hasta ahora estaba tirado en el suelo, observaba con los ojos bien abiertos. Para él no estaba claro cuales eran las intenciones de aquel tipo, pero no pudo evitar mirar con asombro la increíble destreza que tenía en el combate.

—¿Puedes pararte? —Preguntó Jack mientras lo miraba...

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