Proyecto 91. Capítulo 7: Adaptación
LiteraturaNovelaCiencia ficciónMisterio
Proyecto 91. Capítulo 7: Adaptación
Elian787Elian787hace 2 horas
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Las ruinas y el bosque ofrecían una cobertura amplia y una variedad constante de presas. Ya habían pasado dos semanas desde que escapó de Kallin, y cinco días desde que su cuerpo dejó de ser el mismo. El cambio no solo había modificado su apariencia; también alteró sus necesidades. El apetito era más intenso y exigente, casi voraz, obligándolo a mantener una dieta constante para sostener el desgaste físico que imponía su nuevo estado.
Pero junto al hambre llegaron los beneficios. Sus escamas se endurecieron con el paso de los días, volviéndose más resistentes a impactos que antes habrían desgarrado su piel. La fuerza aumentó, y con ella la velocidad. No se conformó con ese crecimiento natural; entrenó sin descanso, exigiéndose más allá de lo necesario. Cada zancada se volvió más eficiente, cada golpe más controlado y preciso.
La batalla de aquella noche regresaba a su mente una y otra vez, no como un recuerdo pasivo, sino como un ejercicio que repetía mentalmente, corrigiendo errores, buscando mejorar tiempos y ajustando reacciones. Ahora sus heridas habían sanado por completo y su cuerpo se encontraba en su punto más óptimo desde la fuga.
En la distancia, un edificio alto se alzaba entre las ruinas como un punto dominante. En su mente, un tirador fantasma se posicionaba en la altura, alineaba la mira y contenía la respiración antes de disparar. El proyectil atravesaba el aire con precisión, pero Jack ya no estaba en el punto previsto. Se había desplazado una fracción de segundo antes del disparo, no por anticipación consciente, sino porque su percepción había aprendido a detectar el instante previo a la detonación.
Los disparos continuaron en aquella simulación constante. Algunos proyectiles rozaban su piel, otros impactaban levemente contra las escamas endurecidas, otros fallaban por centímetros. Sin embargo, cada intento reforzaba la misma conclusión: ahora reducía la distancia con mayor rapidez, ajustaba ángulos de avance y cerraba la brecha antes de que el tirador pudiera recalcular.
Treinta y cinco segundos eran suficientes para alcanzar su objetivo. La diferencia ya no residía solo en la fuerza, sino en la coordinación entre percepción y movimiento.
Debajo del edificio, más figuras armadas abrían fuego. Las ráfagas golpeaban concreto y levantaban polvo, pero su trayectoria ya no era lineal ni predecible. Sus zancadas eran largas y firmes, con cada pisada marcando grietas en la superficie como si el concreto fuese tierra húmeda. En cuestión de minutos, la resistencia dejaba de existir. Cuando la simulación terminaba, no quedaba más que la certeza de que su rendimiento había superado el límite anterior.
Observó su mano durante un instante, flexionando los dedos con lentitud. Había aumentado su capacidad de destrucción, y esa constatación no era una celebración, sino un hecho que debía integrar.
Alrededor del mediodía se internó en el bosque para cazar. El entrenamiento demandaba energía, y el cuerpo la reclamaba con urgencia.
El ciervo cayó con rapidez; mientras comía, la carne fresca calmó el hambre física, pero no los fragmentos que insistían en reaparecer en su mente. La sala fría, el pitido constante de algún monitor, las agujas perforando su piel, voces que hablaban sobre él como si fuera un objeto de estudio. Y, entre todo aquello, una imagen persistente: un hombre con bata blanca, guantes y lentes, cuya sonrisa no expresaba compasión ni duda, sino una satisfacción que resultaba difícil de ignorar.
Esa imagen no desaparecía, y con ella emergía una emoción que hasta entonces había permanecido latente. No era miedo, tampoco confusión. Era algo más profundo, una reacción visceral ante la idea de haber sido sometido a algo que aún no comprendía del todo.
No sabía si aquellos recuerdos eran completamente suyos, ni entendía con claridad qué le habían hecho, pero la conclusión era inequívoca: no debía permitir que lo capturaran de nuevo. Si alguna vez volvía a cruzarse con ese hombre, no habría negociación posible.
Cuando terminó de comer, se incorporó. Permanecer en aquellas ruinas ya no era conveniente. Había entrenado lo suficiente; el entorno que antes funcionó como refugio comenzaba a convertirse en una limitación. Decidió dirigirse hacia un nuevo lugar, ampliar el territorio y las posibilidades, pero antes debía atender un detalle que no pasaba desapercibido. Las vibraciones en el suelo, casi imperceptibles para cualquier otro, avanzaban desde la retaguardia con un patrón demasiado regular para ser natural.
Las moscas se aproximaban otra vez.
—
—
El helicóptero sobrevolaba la zona boscosa mirando las marcas en el terreno. Debajo, los hombres se desplazaban con sus equipos, con la guardia en alto y coordinando cada movimiento con precisión milimétrica.
—Señor —Dijo el comandante del escuadrón de reconocimiento.
—¿Qué ocurre?
—Hay huellas en el terreno que llevan días, pero hay otras que son recientes.
***Finalmente…***
—Despliega un dron de reconocimiento, atento a cualquier firma térmica. ¡Los demás, avancen!
El escuadrón avanzó, atento a cualquier firma en el terreno. Esta vez, no terminarían cómo el escuadrón anterior, tenían los informes con las características del objetivo, y ahora sabían cómo contrarrestarlo.
El dron se elevó en el aire, el suave silbido de sus hélices lo hacían un aparato sigiloso, casi imperceptible para cualquiera. Se desplazaba con delicadeza, mostrando cada parte del terreno con una visión infrarroja. El terreno no era favorable, ni desconocido. No podían permitirse cometer el mismo error.
—Contacto térmico intermitente, sector norte.
La señal aparecía y desaparecía entre columnas derruidas y restos de concreto. Aunque no parecía haberse percatado de su presencia.
El capitán hizo señas, y al unísono, cuatro hombres se movieron hacia el flanco izquierdo, otros cuatro al derecho y seis avanzaron por el frente, mientras que tres permanecieron en la retaguardia. Era una formación muy bien especializada.
Por el sur, a lo lejos, dos francotiradores se posicionaron en alturas; uno situado en un edificio en ruinas, el otro en un puente semidestruido.
Avanzaban a paso cauteloso, los soldados experimentados no estaban nerviosos, no entraban en pánico, solo mantenían una tensión controlada, como si dictaran el ritmo de su pulso cardiaco.
Entonces, el dron de reconocimiento detectó desplazamiento en la firma térmica.
—Objetivo en movimiento, dirección Noroeste.
Uno de los francotiradores ajustaba la mira desde la distancia.
—Lo tengo en punto —Dijo.
—Apunta a extremidades. Ten cuidado, tiene muy buenos reflejos.
—Entendido.
A través de la mira, el objetivo se veía casi claro, solo tapado por muros derruidos. El tirador esperaba pacientemente, como si hacerlo fuera rutina.
***Te tengo…*** —Pensó.
Apuntó con cuidado; levemente, se podía ver el hombro sobresaliendo y parte de la cabeza. Su dedo se movía suavemente sobre el gatillo, con paciencia absoluta. Y de repente, antes de poder terminar de presionar, lo vio; los ojos del objetivo se giraron en su dirección, como si ya supiera que lo estaban observando.
***¡¿Qué demo…?!***
Un segundo de duda apareció en su cuerpo, había quedado perplejo al verlo. Quizás fue una coincidencia, pensó. Entonces efectuó el disparo. Pero para su sorpresa, el objetivo ya no estaba ahí al momento del impacto.
***Maldición…***
—Puede vernos —Dijo por el comunicador— Repito, sabe dónde estamos.
El escuadrón, hasta ahora se había posicionado y movido para efectuar un ataque sorpresa. Sin embargo el objetivo ya los había predecido.
—Todas las unidades, carguen. —Ordenó el capitán.
Los soldados entonces se comenzaron a mover con más ligereza, entendieron que la cautela ya no servía; él sabía dónde estaban.
El dron, que observaba por los cielos, comenzó a detectar nuevo movimiento, esta vez con un patrón diferente; era errático, ocultando gran parte de su vista.
La firma desapareció entre muros, y al siguiente momento volvió a aparecer arrojando un objeto en dirección al dron, fue un pedazo de escombro del tamaño de su mano. El tiro fue lo suficientemente certero para desequilibrarlo y hacerlo caer.
—Dron abatido —Dijo uno de los operadores.
***Maldición…***
El equipo de flanqueo izquierdo se acercaba por el oeste, rumbo a un edificio en ruinas. El sonido de los pasos resonaba en la distancia, aunque se movían con cautela, ya no podían darse el lujo de efectuar un ataque sorpresa.
Las armas apuntaban a escombros y edificios vacíos y una tensión sutil parecía apoderarse del ambiente. De repente, por el rabillo del ojo de los soldados, una figura se movía, era rápida y sus pasos eran pesados, pero no tuvieron el suficiente tiempo de reacción. Casi al instante uno de los hombres que iba detrás fue impactado desde su lateral, proyectándose contra un muro ya debilitado y provocando que el concreto cediera bajo el golpe.
En reacción, las armas se alzaron al unísono. Las primeras ráfagas desgarraron el aire y levantaron polvo, sin embargo, el objetivo ya no ocupaba el punto inicial. Jack no avanzó en línea recta; había cambiado el ángulo en mitad del movimiento, cerrando la distancia antes de que el segundo tirador ajustara su mira. Una de las balas impactó contra sus escamas, desviándose con un sonido seco, otra rozó su hombro sin penetrar. El dolor de los proyectiles impactando como piedras lanzadas contra el cuerpo era evidente, aunque al menos ya no suponían una amenaza seria como en su primera batalla; sus escamas ahora eran más duras, capaces de bloquear completamente el avance de la munición de bajo calibre.
—¡Hombre abatido! —Gritó uno de los operadores.
El equipo intentó reagruparse y en consecuencia, el comandante ordenó cobertura cruzada. Aún así, la velocidad del desplazamiento del objetivo rompía el esquema antes de que pudiera estabilizarse. Jack usó los restos de una columna como apoyo y la arrancó con una fuerza que superaba el cálculo previsto; el fragmento de hormigón cayó sobre uno de los soldados que intentaba flanquearlo, inutilizándolo de inmediato.
Los francotiradores, desde la distancia, ajustaban sus miras, disparar entre edificios era complejo por más altura que consiguieran y aún más con un objetivo que se movía a esa velocidad. Se desplazaba entre escombros, cerrando la brecha aterradoramente. Sus movimientos erráticos dificultaban la precisión y su velocidad aumentaba la presión en los tiradores.
—Se dirige hacia mí —Dijo uno mientras rechinaba los dientes.
—Retaguardia, intercepten.
Avanzaba entre los edificios acercándose a los francotiradores. Cinco segundos pasaron y el tiro resonó en la distancia, pero él ya había anticipado la trayectoria del proyectil; ajustó sus pies y zigzagueó hacia los lados. De repente, frente suyo, entre las calles aparecieron grupos de hombres disparando en su dirección.
—Tsk.
Cambió su rumbo hacia un costado, cubriéndose entre escombros y edificios. Las balas de bajo calibre no hacían mucho en su piel, sin embargo los fusiles de calibre medio suponían una amenaza; algunos proyectiles impactaron superficialmente, rompiendo escamas y liberando la sangre exterior, incluso así, no provocaron heridas profundas.
Los equipos se movían por todo el mapa, hacia él, aunque sus sentidos mejorados le permitían predecir los puntos en los que aparecerían; sentía las vibraciones del suelo como si fuera un radar biológico.
En las esquinas, otro grupo apareció.
—¡Contacto directo, abriendo fuego!
—Continúen presionando, no dejen de disparar.
La situación estaba a su favor, tenían los informes que marcaban las capacidades del objetivo, los tipos de munición funcionales así como las estrategias para encerrarlo y abatirlo; habían perdido dos hombres por un pequeño error de cálculo pero nada más grave. Tenían todo bajo control.
O eso creían…
De repente, empezó a moverse más erráticamente, cruzando puntos que no estaban cubiertos por los equipos. el sonido de sus pasos se escuchaban en todo el lugar, haciendo que su desplazamiento fuera predecible.
Eso era lo que desconcertaba a todo el escuadrón; los informes decían que la munición de bajo calibre, aunque inefectiva, sí lograba causarle daño. Se habló también de su baja experiencia para el combate, marcando movimientos sumamente lineales.
Contrariamente a todas sus expectativas, lo que vivían aquí era extremadamente contrario a dichos informes; la munición ligera no solo no le hace daño sino que además su velocidad descomunal y movimientos erráticos distan mucho de lo relatado.
***No es como los informes*** —Pensó el líder.
Uno de los equipos que se acercaba se encontró de frente con Jack.
—¡Contacto!
Abrieron fuego al instante. Él esquivó las balas como si supiera exactamente dónde iban a impactar, moviéndose en zigzag mientras cerraba la brecha. Los proyectiles impactaban hormigón detrás, otros eran desviados por sus escamas.
***Maldición*** —Pensó el comandante a cargo del equipo.
—Retirada táctica —Ordenó.
Y al unísono, los soldados comenzaron a retroceder mientras disparaban. Pero no importaba. En unos segundos los alcanzó, eliminándolos uno tras otro.
—¡Argh!
Los gritos de los hombres resonaban en los edificios; algunos eran impactados con brutalidad absoluta, otros eran cortados por sus garras, otros fueron perforados. Él no presentaba piedad, ni tampoco parecía efectuar golpes desmedidos, nada como dijeran los informes.
El comandante de campo observaba la situación mientras todo su equipo caía, habían desplegado un total de treinta militares bien preparados y armados; un escuadrón de reconocimiento de doce hombres, encargado de seguir los rastros y asalto ligero, un escuadrón de batalla principal de catorce, y cuatro soldados especializados en el uso de armas pesadas. Aún así, todos ellos estaban siendo eliminados por un objetivo que todavía permanecía casi ileso.
***Maldición… es más peligroso de lo que se dijo***
—Perdimos contacto con el equipo Theta.
—Todas las unidades, autorizo la eliminación del objetivo… Repito, autorizo la eliminación del objetivo.
No dudó, supo lo que pasaría si lo hacía. No le importaban las consecuencias que le traerían sus mayores, le importaba la vida de sus hombres, y ya había perdido a siete.
Los francotiradores ahora apuntaron directamente a la cabeza, al siguiente momento el tiro salió disparado, impactando en hormigón derruido. Jack se había movido del lugar, pero entonces, sintió otro disparo en la distancia, era el segundo francotirador. Esta vez no tuvo tiempo de anticiparse al tiro, giró su hombro bruscamente casi evadiendo por completo el proyectil, pero este impactó parcialmente, abollándose contra las escamas, rompiéndolas y desviandose. La potencia del impacto fue tan grande que lo empujó hacia atrás, sin embargo no lo suficiente como para hacerlo dudar.
—Kurgh
Siguió impulsándose a la vez que se cubría por estructuras. Sabía que tenía que eliminar a esos francotiradores; eran el principal motivo que le impedía moverse con total libertad. Entonces, por el frente, más soldados se acercaban.
Cambió de dirección, pero antes de que pudiera volver a efectuar otro paso, un objeto cayó cerca y explotó; era una granada, el sonido del impacto fue tan alto que dejó sus sentidos embotados por unos segundos. Aún así continuó moviéndose. Saltó a un edificio y se movió por los techos expuesto a una lluvia constante de proyectiles, cambiando de rumbo y recibiendo disparos, en dirección a un puente casi en ruinas. En el mismo, el francotirador veía como se acercaba otra vez.
***Maldición***
Comenzó a disparar y recargar con rapidez, su respiración permanecía controlada, aunque la tensión en su cuerpo era evidente. Jack se acercaba a toda velocidad moviéndose erráticamente hacia los lados, lo que aumentaba su margen de error.
Los segundos pasaban, y con ellos la tensión aumentaba; cada zancada era larga, cubriendo una gran distancia. El cambio en el viento, el sonido del gatillo presionando, el martillo efectuando su golpe, todo se escuchaba vívido en sus oídos. Un disparo se efectuaba y él se movía, saliendo de la línea de tiro. Y entonces, antes de poder seguir avanzando, sintió otro cambio inminente, otro martillazo que lo obligó a retroceder. Fue el primer francotirador.
—¡Tch!
Se había concentrado tanto en uno de los tiradores que por un instante descuidó la existencia del otro. El impacto anterior todavía vibraba bajo sus escamas como un recordatorio incómodo de que esos proyectiles sí podían atravesar su nueva resistencia si encontraban el ángulo adecuado. De este modo, ajustó el desplazamiento sin detenerse, buscando romper la triangulación que comenzaba a cerrarse sobre él.
El helicóptero, entonces, surcó los cielos nuevamente; hasta ahora no querían usarlo debido a las complicaciones que suponía revelar su posición. Pero ya no podían darse el lujo de usar tácticas simples, necesitaban apoyo aéreo. El piloto mantenía una órbita amplia sobre la zona de combate, transmitiendo las imágenes al comandante en tierra.
Las ráfagas y los destellos de los disparos dibujaban líneas erráticas entre edificios derruidos, pero el objetivo no permanecía el tiempo suficiente en un mismo punto como para fijar una solución de tiro estable.
—Lo tengo, visual intermitente —Informó el artillero aéreo—. Se desplaza hacia el puente.
—Mantengan distancia, no lo pierdan de vista —Ordenó el comandante.
En el suelo, los equipos restantes intentaban reconfigurar el cerco. Las comunicaciones ya no eran tan limpias como al inicio; la pérdida de hombres había introducido una tensión que, aunque contenida, comenzaba a erosionar la coordinación. Como una creciente consciencia de que los informes habían quedado obsoletos.
Jack se movía entre estructuras como si el terreno hubiera sido diseñado para él. Cada vibración en el concreto, cada desplazamiento de aire provocado por una carrera, un cambio de postura, todo ello le ofrecía información suficiente para anticipar intercepciones. No lo hacía desde una estrategia elaborada, sino desde una adaptación constante que reducía los márgenes de error del enemigo.
El primer francotirador volvió a disparar desde el edificio en ruinas. El proyectil impactó contra el borde de una estructura cuando su objetivo ya había alterado su trayectoria, impulsándose lateralmente con una zancada que agrietó el pavimento bajo su peso. El segundo tirador aprovechó la corrección para ajustar su ángulo y liberar un disparo casi simultáneo. Esta vez, el objeto alcanzó su costado, rompiendo varias escamas y arrancando un gruñido involuntario mientras la fuerza del golpe lo desplazaba medio metro hacia atrás. Aún así, el dolor no lo detuvo, sólo modificó su cálculo.
En tierra, el comandante entendió que era momento de cerrar la presión antes de que el objetivo alcanzara altura.
—Equipos Delta y Gamma, corten su avance hacia el puente. Armas pesadas, preparen línea frontal.
—Recibido.
Dos soldados desplegaron un lanzador de mayor calibre, buscando forzarlo a cubrirse. El disparo retumbó entre las ruinas y el impacto demolió una parte de una fachada por la que Jack acababa de pasar. Fragmentos de concreto y polvo cubrieron la calle, reduciendo la visibilidad para ambos bandos.
El helicóptero descendió unos metros, ajustando su ángulo de observación; el rotor agitaba el polvo suspendido, alterando corrientes de aire que él percibió de inmediato. Levantó su vista al instante, evaluando la nueva amenaza. La aeronave no estaba dentro de su alcance inmediato, pero su presencia modificaba el campo de batalla por completo al revelar posiciones y transmitir coordenadas.
—Se dirige al puente —Confirmó el artillero aéreo—. Autorización para disparo de contención...
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Proyecto 91. Capítulo 7: Adaptación
Elian787Elian787hace 2 horas
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Las ruinas y el bosque ofrecían una cobertura amplia y una variedad constante de presas. Ya habían pasado dos semanas desde que escapó de Kallin, y cinco días desde que su cuerpo dejó de ser el mismo. El cambio no solo había modificado su apariencia; también alteró sus necesidades. El apetito era más intenso y exigente, casi voraz, obligándolo a mantener una dieta constante para sostener el desgaste físico que imponía su nuevo estado.
Pero junto al hambre llegaron los beneficios. Sus escamas se endurecieron con el paso de los días, volviéndose más resistentes a impactos que antes habrían desgarrado su piel. La fuerza aumentó, y con ella la velocidad. No se conformó con ese crecimiento natural; entrenó sin descanso, exigiéndose más allá de lo necesario. Cada zancada se volvió más eficiente, cada golpe más controlado y preciso.
La batalla de aquella noche regresaba a su mente una y otra vez, no como un recuerdo pasivo, sino como un ejercicio que repetía mentalmente, corrigiendo errores, buscando mejorar tiempos y ajustando reacciones. Ahora sus heridas habían sanado por completo y su cuerpo se encontraba en su punto más óptimo desde la fuga.
En la distancia, un edificio alto se alzaba entre las ruinas como un punto dominante. En su mente, un tirador fantasma se posicionaba en la altura, alineaba la mira y contenía la respiración antes de disparar. El proyectil atravesaba el aire con precisión, pero Jack ya no estaba en el punto previsto. Se había desplazado una fracción de segundo antes del disparo, no por anticipación consciente, sino porque su percepción había aprendido a detectar el instante previo a la detonación.
Los disparos continuaron en aquella simulación constante. Algunos proyectiles rozaban su piel, otros impactaban levemente contra las escamas endurecidas, otros fallaban por centímetros. Sin embargo, cada intento reforzaba la misma conclusión: ahora reducía la distancia con mayor rapidez, ajustaba ángulos de avance y cerraba la brecha antes de que el tirador pudiera recalcular.
Treinta y cinco segundos eran suficientes para alcanzar su objetivo. La diferencia ya no residía solo en la fuerza, sino en la coordinación entre percepción y movimiento.
Debajo del edificio, más figuras armadas abrían fuego. Las ráfagas golpeaban concreto y levantaban polvo, pero su trayectoria ya no era lineal ni predecible. Sus zancadas eran largas y firmes, con cada pisada marcando grietas en la superficie como si el concreto fuese tierra húmeda. En cuestión de minutos, la resistencia dejaba de existir. Cuando la simulación terminaba, no quedaba más que la certeza de que su rendimiento había superado el límite anterior.
Observó su mano durante un instante, flexionando los dedos con lentitud. Había aumentado su capacidad de destrucción, y esa constatación no era una celebración, sino un hecho que debía integrar.
Alrededor del mediodía se internó en el bosque para cazar. El entrenamiento demandaba energía, y el cuerpo la reclamaba con urgencia.
El ciervo cayó con rapidez; mientras comía, la carne fresca calmó el hambre física, pero no los fragmentos que insistían en reaparecer en su mente. La sala fría, el pitido constante de algún monitor, las agujas perforando su piel, voces que hablaban sobre él como si fuera un objeto de estudio. Y, entre todo aquello, una imagen persistente: un hombre con bata blanca, guantes y lentes, cuya sonrisa no expresaba compasión ni duda, sino una satisfacción que resultaba difícil de ignorar.
Esa imagen no desaparecía, y con ella emergía una emoción que hasta entonces había permanecido latente. No era miedo, tampoco confusión. Era algo más profundo, una reacción visceral ante la idea de haber sido sometido a algo que aún no comprendía del todo.
No sabía si aquellos recuerdos eran completamente suyos, ni entendía con claridad qué le habían hecho, pero la conclusión era inequívoca: no debía permitir que lo capturaran de nuevo. Si alguna vez volvía a cruzarse con ese hombre, no habría negociación posible.
Cuando terminó de comer, se incorporó. Permanecer en aquellas ruinas ya no era conveniente. Había entrenado lo suficiente; el entorno que antes funcionó como refugio comenzaba a convertirse en una limitación. Decidió dirigirse hacia un nuevo lugar, ampliar el territorio y las posibilidades, pero antes debía atender un detalle que no pasaba desapercibido. Las vibraciones en el suelo, casi imperceptibles para cualquier otro, avanzaban desde la retaguardia con un patrón demasiado regular para ser natural.
Las moscas se aproximaban otra vez.
—
—
El helicóptero sobrevolaba la zona boscosa mirando las marcas en el terreno. Debajo, los hombres se desplazaban con sus equipos, con la guardia en alto y coordinando cada movimiento con precisión milimétrica.
—Señor —Dijo el comandante del escuadrón de reconocimiento.
—¿Qué ocurre?
—Hay huellas en el terreno que llevan días, pero hay otras que son recientes.
***Finalmente…***
—Despliega un dron de reconocimiento, atento a cualquier firma térmica. ¡Los demás, avancen!
El escuadrón avanzó, atento a cualquier firma en el terreno. Esta vez, no terminarían cómo el escuadrón anterior, tenían los informes con las características del objetivo, y ahora sabían cómo contrarrestarlo.
El dron se elevó en el aire, el suave silbido de sus hélices lo hacían un aparato sigiloso, casi imperceptible para cualquiera. Se desplazaba con delicadeza, mostrando cada parte del terreno con una visión infrarroja. El terreno no era favorable, ni desconocido. No podían permitirse cometer el mismo error.
—Contacto térmico intermitente, sector norte.
La señal aparecía y desaparecía entre columnas derruidas y restos de concreto. Aunque no parecía haberse percatado de su presencia.
El capitán hizo señas, y al unísono, cuatro hombres se movieron hacia el flanco izquierdo, otros cuatro al derecho y seis avanzaron por el frente, mientras que tres permanecieron en la retaguardia. Era una formación muy bien especializada.
Por el sur, a lo lejos, dos francotiradores se posicionaron en alturas; uno situado en un edificio en ruinas, el otro en un puente semidestruido.
Avanzaban a paso cauteloso, los soldados experimentados no estaban nerviosos, no entraban en pánico, solo mantenían una tensión controlada, como si dictaran el ritmo de su pulso cardiaco.
Entonces, el dron de reconocimiento detectó desplazamiento en la firma térmica.
—Objetivo en movimiento, dirección Noroeste.
Uno de los francotiradores ajustaba la mira desde la distancia.
—Lo tengo en punto —Dijo.
—Apunta a extremidades. Ten cuidado, tiene muy buenos reflejos.
—Entendido.
A través de la mira, el objetivo se veía casi claro, solo tapado por muros derruidos. El tirador esperaba pacientemente, como si hacerlo fuera rutina.
***Te tengo…*** —Pensó.
Apuntó con cuidado; levemente, se podía ver el hombro sobresaliendo y parte de la cabeza. Su dedo se movía suavemente sobre el gatillo, con paciencia absoluta. Y de repente, antes de poder terminar de presionar, lo vio; los ojos del objetivo se giraron en su dirección, como si ya supiera que lo estaban observando.
***¡¿Qué demo…?!***
Un segundo de duda apareció en su cuerpo, había quedado perplejo al verlo. Quizás fue una coincidencia, pensó. Entonces efectuó el disparo. Pero para su sorpresa, el objetivo ya no estaba ahí al momento del impacto.
***Maldición…***
—Puede vernos —Dijo por el comunicador— Repito, sabe dónde estamos.
El escuadrón, hasta ahora se había posicionado y movido para efectuar un ataque sorpresa. Sin embargo el objetivo ya los había predecido.
—Todas las unidades, carguen. —Ordenó el capitán.
Los soldados entonces se comenzaron a mover con más ligereza, entendieron que la cautela ya no servía; él sabía dónde estaban.
El dron, que observaba por los cielos, comenzó a detectar nuevo movimiento, esta vez con un patrón diferente; era errático, ocultando gran parte de su vista.
La firma desapareció entre muros, y al siguiente momento volvió a aparecer arrojando un objeto en dirección al dron, fue un pedazo de escombro del tamaño de su mano. El tiro fue lo suficientemente certero para desequilibrarlo y hacerlo caer.
—Dron abatido —Dijo uno de los operadores.
***Maldición…***
El equipo de flanqueo izquierdo se acercaba por el oeste, rumbo a un edificio en ruinas. El sonido de los pasos resonaba en la distancia, aunque se movían con cautela, ya no podían darse el lujo de efectuar un ataque sorpresa.
Las armas apuntaban a escombros y edificios vacíos y una tensión sutil parecía apoderarse del ambiente. De repente, por el rabillo del ojo de los soldados, una figura se movía, era rápida y sus pasos eran pesados, pero no tuvieron el suficiente tiempo de reacción. Casi al instante uno de los hombres que iba detrás fue impactado desde su lateral, proyectándose contra un muro ya debilitado y provocando que el concreto cediera bajo el golpe.
En reacción, las armas se alzaron al unísono. Las primeras ráfagas desgarraron el aire y levantaron polvo, sin embargo, el objetivo ya no ocupaba el punto inicial. Jack no avanzó en línea recta; había cambiado el ángulo en mitad del movimiento, cerrando la distancia antes de que el segundo tirador ajustara su mira. Una de las balas impactó contra sus escamas, desviándose con un sonido seco, otra rozó su hombro sin penetrar. El dolor de los proyectiles impactando como piedras lanzadas contra el cuerpo era evidente, aunque al menos ya no suponían una amenaza seria como en su primera batalla; sus escamas ahora eran más duras, capaces de bloquear completamente el avance de la munición de bajo calibre.
—¡Hombre abatido! —Gritó uno de los operadores.
El equipo intentó reagruparse y en consecuencia, el comandante ordenó cobertura cruzada. Aún así, la velocidad del desplazamiento del objetivo rompía el esquema antes de que pudiera estabilizarse. Jack usó los restos de una columna como apoyo y la arrancó con una fuerza que superaba el cálculo previsto; el fragmento de hormigón cayó sobre uno de los soldados que intentaba flanquearlo, inutilizándolo de inmediato.
Los francotiradores, desde la distancia, ajustaban sus miras, disparar entre edificios era complejo por más altura que consiguieran y aún más con un objetivo que se movía a esa velocidad. Se desplazaba entre escombros, cerrando la brecha aterradoramente. Sus movimientos erráticos dificultaban la precisión y su velocidad aumentaba la presión en los tiradores.
—Se dirige hacia mí —Dijo uno mientras rechinaba los dientes.
—Retaguardia, intercepten.
Avanzaba entre los edificios acercándose a los francotiradores. Cinco segundos pasaron y el tiro resonó en la distancia, pero él ya había anticipado la trayectoria del proyectil; ajustó sus pies y zigzagueó hacia los lados. De repente, frente suyo, entre las calles aparecieron grupos de hombres disparando en su dirección.
—Tsk.
Cambió su rumbo hacia un costado, cubriéndose entre escombros y edificios. Las balas de bajo calibre no hacían mucho en su piel, sin embargo los fusiles de calibre medio suponían una amenaza; algunos proyectiles impactaron superficialmente, rompiendo escamas y liberando la sangre exterior, incluso así, no provocaron heridas profundas.
Los equipos se movían por todo el mapa, hacia él, aunque sus sentidos mejorados le permitían predecir los puntos en los que aparecerían; sentía las vibraciones del suelo como si fuera un radar biológico.
En las esquinas, otro grupo apareció.
—¡Contacto directo, abriendo fuego!
—Continúen presionando, no dejen de disparar.
La situación estaba a su favor, tenían los informes que marcaban las capacidades del objetivo, los tipos de munición funcionales así como las estrategias para encerrarlo y abatirlo; habían perdido dos hombres por un pequeño error de cálculo pero nada más grave. Tenían todo bajo control.
O eso creían…
De repente, empezó a moverse más erráticamente, cruzando puntos que no estaban cubiertos por los equipos. el sonido de sus pasos se escuchaban en todo el lugar, haciendo que su desplazamiento fuera predecible.
Eso era lo que desconcertaba a todo el escuadrón; los informes decían que la munición de bajo calibre, aunque inefectiva, sí lograba causarle daño. Se habló también de su baja experiencia para el combate, marcando movimientos sumamente lineales.
Contrariamente a todas sus expectativas, lo que vivían aquí era extremadamente contrario a dichos informes; la munición ligera no solo no le hace daño sino que además su velocidad descomunal y movimientos erráticos distan mucho de lo relatado.
***No es como los informes*** —Pensó el líder.
Uno de los equipos que se acercaba se encontró de frente con Jack.
—¡Contacto!
Abrieron fuego al instante. Él esquivó las balas como si supiera exactamente dónde iban a impactar, moviéndose en zigzag mientras cerraba la brecha. Los proyectiles impactaban hormigón detrás, otros eran desviados por sus escamas.
***Maldición*** —Pensó el comandante a cargo del equipo.
—Retirada táctica —Ordenó.
Y al unísono, los soldados comenzaron a retroceder mientras disparaban. Pero no importaba. En unos segundos los alcanzó, eliminándolos uno tras otro.
—¡Argh!
Los gritos de los hombres resonaban en los edificios; algunos eran impactados con brutalidad absoluta, otros eran cortados por sus garras, otros fueron perforados. Él no presentaba piedad, ni tampoco parecía efectuar golpes desmedidos, nada como dijeran los informes.
El comandante de campo observaba la situación mientras todo su equipo caía, habían desplegado un total de treinta militares bien preparados y armados; un escuadrón de reconocimiento de doce hombres, encargado de seguir los rastros y asalto ligero, un escuadrón de batalla principal de catorce, y cuatro soldados especializados en el uso de armas pesadas. Aún así, todos ellos estaban siendo eliminados por un objetivo que todavía permanecía casi ileso.
***Maldición… es más peligroso de lo que se dijo***
—Perdimos contacto con el equipo Theta.
—Todas las unidades, autorizo la eliminación del objetivo… Repito, autorizo la eliminación del objetivo.
No dudó, supo lo que pasaría si lo hacía. No le importaban las consecuencias que le traerían sus mayores, le importaba la vida de sus hombres, y ya había perdido a siete.
Los francotiradores ahora apuntaron directamente a la cabeza, al siguiente momento el tiro salió disparado, impactando en hormigón derruido. Jack se había movido del lugar, pero entonces, sintió otro disparo en la distancia, era el segundo francotirador. Esta vez no tuvo tiempo de anticiparse al tiro, giró su hombro bruscamente casi evadiendo por completo el proyectil, pero este impactó parcialmente, abollándose contra las escamas, rompiéndolas y desviandose. La potencia del impacto fue tan grande que lo empujó hacia atrás, sin embargo no lo suficiente como para hacerlo dudar.
—Kurgh
Siguió impulsándose a la vez que se cubría por estructuras. Sabía que tenía que eliminar a esos francotiradores; eran el principal motivo que le impedía moverse con total libertad. Entonces, por el frente, más soldados se acercaban.
Cambió de dirección, pero antes de que pudiera volver a efectuar otro paso, un objeto cayó cerca y explotó; era una granada, el sonido del impacto fue tan alto que dejó sus sentidos embotados por unos segundos. Aún así continuó moviéndose. Saltó a un edificio y se movió por los techos expuesto a una lluvia constante de proyectiles, cambiando de rumbo y recibiendo disparos, en dirección a un puente casi en ruinas. En el mismo, el francotirador veía como se acercaba otra vez.
***Maldición***
Comenzó a disparar y recargar con rapidez, su respiración permanecía controlada, aunque la tensión en su cuerpo era evidente. Jack se acercaba a toda velocidad moviéndose erráticamente hacia los lados, lo que aumentaba su margen de error.
Los segundos pasaban, y con ellos la tensión aumentaba; cada zancada era larga, cubriendo una gran distancia. El cambio en el viento, el sonido del gatillo presionando, el martillo efectuando su golpe, todo se escuchaba vívido en sus oídos. Un disparo se efectuaba y él se movía, saliendo de la línea de tiro. Y entonces, antes de poder seguir avanzando, sintió otro cambio inminente, otro martillazo que lo obligó a retroceder. Fue el primer francotirador.
—¡Tch!
Se había concentrado tanto en uno de los tiradores que por un instante descuidó la existencia del otro. El impacto anterior todavía vibraba bajo sus escamas como un recordatorio incómodo de que esos proyectiles sí podían atravesar su nueva resistencia si encontraban el ángulo adecuado. De este modo, ajustó el desplazamiento sin detenerse, buscando romper la triangulación que comenzaba a cerrarse sobre él.
El helicóptero, entonces, surcó los cielos nuevamente; hasta ahora no querían usarlo debido a las complicaciones que suponía revelar su posición. Pero ya no podían darse el lujo de usar tácticas simples, necesitaban apoyo aéreo. El piloto mantenía una órbita amplia sobre la zona de combate, transmitiendo las imágenes al comandante en tierra.
Las ráfagas y los destellos de los disparos dibujaban líneas erráticas entre edificios derruidos, pero el objetivo no permanecía el tiempo suficiente en un mismo punto como para fijar una solución de tiro estable.
—Lo tengo, visual intermitente —Informó el artillero aéreo—. Se desplaza hacia el puente.
—Mantengan distancia, no lo pierdan de vista —Ordenó el comandante.
En el suelo, los equipos restantes intentaban reconfigurar el cerco. Las comunicaciones ya no eran tan limpias como al inicio; la pérdida de hombres había introducido una tensión que, aunque contenida, comenzaba a erosionar la coordinación. Como una creciente consciencia de que los informes habían quedado obsoletos.
Jack se movía entre estructuras como si el terreno hubiera sido diseñado para él. Cada vibración en el concreto, cada desplazamiento de aire provocado por una carrera, un cambio de postura, todo ello le ofrecía información suficiente para anticipar intercepciones. No lo hacía desde una estrategia elaborada, sino desde una adaptación constante que reducía los márgenes de error del enemigo.
El primer francotirador volvió a disparar desde el edificio en ruinas. El proyectil impactó contra el borde de una estructura cuando su objetivo ya había alterado su trayectoria, impulsándose lateralmente con una zancada que agrietó el pavimento bajo su peso. El segundo tirador aprovechó la corrección para ajustar su ángulo y liberar un disparo casi simultáneo. Esta vez, el objeto alcanzó su costado, rompiendo varias escamas y arrancando un gruñido involuntario mientras la fuerza del golpe lo desplazaba medio metro hacia atrás. Aún así, el dolor no lo detuvo, sólo modificó su cálculo.
En tierra, el comandante entendió que era momento de cerrar la presión antes de que el objetivo alcanzara altura.
—Equipos Delta y Gamma, corten su avance hacia el puente. Armas pesadas, preparen línea frontal.
—Recibido.
Dos soldados desplegaron un lanzador de mayor calibre, buscando forzarlo a cubrirse. El disparo retumbó entre las ruinas y el impacto demolió una parte de una fachada por la que Jack acababa de pasar. Fragmentos de concreto y polvo cubrieron la calle, reduciendo la visibilidad para ambos bandos.
El helicóptero descendió unos metros, ajustando su ángulo de observación; el rotor agitaba el polvo suspendido, alterando corrientes de aire que él percibió de inmediato. Levantó su vista al instante, evaluando la nueva amenaza. La aeronave no estaba dentro de su alcance inmediato, pero su presencia modificaba el campo de batalla por completo al revelar posiciones y transmitir coordenadas.
—Se dirige al puente —Confirmó el artillero aéreo—. Autorización para disparo de contención...
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