En los jardines de la Ciudad Brillante
Antes que otras grandes urbes
fuiste tú, Ciudad Brillante,
como el sol entre las nubes,
gloria de Dios deslumbrante.
Tus jardines, émulos vivos
de aquellos de Babilonia,
aunque fueron arrasados
conservan aún su gloria
en mi corazón intacta,
y en mi alma grabada a fuego
de manera tan exacta
que podría, aún ciego,
dibujar todas tus formas
y representarte viva,
vertiendo toda mi copa
en el vacío de mi vida.
Recorreré tus caminos
iluminados de luna,
igual que los peregrinos
buscan de Dios su fortuna.
En las manos de mi Fátima
hallaré la saciedad.
Solo ella con su mágica
receta me aliviará.
Abrazado a Zainab
sobreviviré la noche,
con el calor que ella da
siempre y jamás con reproche.
Con la dulce voz de Leila
tendré en mi alma gran calma;
gracias te doy, mi doncella,
por ser agradable dama.
Una con la que vivir
y confiarle el hogar;
otra con la que dormir
y así la pasión saciar;
otra mujer para amar,
desahogar el corazón
y como diosa adorar
hasta que se apague el sol.
fuiste tú, Ciudad Brillante,
como el sol entre las nubes,
gloria de Dios deslumbrante.
Tus jardines, émulos vivos
de aquellos de Babilonia,
aunque fueron arrasados
conservan aún su gloria
en mi corazón intacta,
y en mi alma grabada a fuego
de manera tan exacta
que podría, aún ciego,
dibujar todas tus formas
y representarte viva,
vertiendo toda mi copa
en el vacío de mi vida.
Recorreré tus caminos
iluminados de luna,
igual que los peregrinos
buscan de Dios su fortuna.
En las manos de mi Fátima
hallaré la saciedad.
Solo ella con su mágica
receta me aliviará.
Abrazado a Zainab
sobreviviré la noche,
con el calor que ella da
siempre y jamás con reproche.
Con la dulce voz de Leila
tendré en mi alma gran calma;
gracias te doy, mi doncella,
por ser agradable dama.
Una con la que vivir
y confiarle el hogar;
otra con la que dormir
y así la pasión saciar;
otra mujer para amar,
desahogar el corazón
y como diosa adorar
hasta que se apague el sol.