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c/LiteraturaESP by u/fictograma 1w ago fictograma.com

Gatonini

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## **Lunes, 1 de Agosto 2011**

## Capítulo 23

Pancho se escondió detrás de una *van* estacionada en la banqueta, esperando en las sombras al joven que caminaba por la calle solitaria. Cuando estuvo cerca, Pancho se puso en medio de la banqueta obstruyendo el paso. El joven se detuvo para dar media vuelta y se encontró con Jensen, quien lo seguía de cerca, muy silenciosamente.

—Ya te la sabes —dijo Jensen, estirando la mano.

El joven, nervioso, volteó hacia todos lados con la esperanza de encontrar algún tipo de ayuda, pero la oscuridad y la *van* los cubrían. Quedó como único testigo un gato lamiéndose la pata trasera sobre una barda de tabicón sin aplanar. Temblando, comenzó a buscar su cartera entre las bolsas del pantalón, sintiendo la respiración de Pancho en la nuca.

—Todo —exigió Jensen, viéndolo directamente a los ojos.

El joven procedió a quitarse el reloj y la cadena de oro que tenía en el cuello.

Desde que estaban en la secundaria, Jensen y Pancho solían ir a algún pueblo lejano para asaltar sin ser reconocidos. Jensen se quedaba con el sesenta por ciento. Durante el bachillerato comenzaron a vender marihuana y económicamente les había ido muy bien, aunque Pancho se gastaba el dinero en vicios; Jensen simplemente coleccionaba los billetes como si fueran estampitas repetidas.

De regreso a su pueblo, platicaron sobre la casa de Susana, la madre de Jensen, quien había sido detenida por haber herido con arma blanca a la esposa y a la hija de Gerardo, su amigo el policía.

—Mañana van a llegar a derrumbar la casa y llevarse el escombro. Pasado van a empezar a trabajar en los cimientos para después levantar las paredes. Todo se va a construir muy rápido, porque Susana va a salir pronto y quiero que sea una sorpresa.

—¿Y cómo le hiciste para que la dejen salir tan rápido?

—Gerardo retiró los cargos después de que ellas se recuperaron. Moviendo algunas influencias, la van a dejar salir pronto. Por eso me urge que la nueva casa quede terminada. Tú vas a estar cuidando que todo funcione muy bien.

—Está bien.

Al siguiente día, Jensen llegó a la casa de Susana. Pancho estaba contando el material de construcción que recién había llegado. Ya se estaban llevando el escombro en un camión de volteo cuando Jensen logró ver en la parte alta de la caja una bolsa transparente con un muñeco de peluche adentro. Corrió hacia el camión para decirle al chofer que se detuviera. Se subió a la caja para agarrar la bolsa. Se bajó ágilmente y la abrió con desesperación para sacar un muñeco de peluche en forma de jaguar. Lo acercó a su nariz para inhalar sus recuerdos de la infancia. Sin darse cuenta, unas lágrimas se habían deslizado por sus mejillas.

Los recuerdos fueron muy vívidos: su madre borracha pidiendo a gritos que ya no la abdujeran, los días de soledad extrema en los que ese peluche fue su única compañía.

Algunos trabajadores se le quedaron viendo desde lejos, pero eso no le importó. Ahora que Jensen ya casi se sentía como miembro de los extraterrestres, veía a los trabajadores como seres inferiores condenados a la extinción, por lo que su opinión no importaba.

Fue a su camioneta para guardar el peluche, cargándolo como lo hacía cuando era niño. Se sentó frente al volante en el momento en que su mente encontró la conexión de su muñeco con el tonal de Vicente.

—Tu madre solía deshacerse del jaguar —dijo Vicente con su desagradable voz—. Pero cada vez que quemaba uno, te dábamos otro nuevo, hasta que se resignó.

—No puedo creer que me haya olvidado de este muñeco. Me dio mucho gusto haberlo encontrado —dijo Jensen, viendo la punta de la cola ligeramente chamuscada—. Todas sus historias sobre las abducciones eran verdad. Yo creía que estaba loca. Nadie se interesa por una persona adicta, mucho menos lo harían seres tan superiores. Toda mi vida me sentí diferente, no me identificaba con nadie, solo pude tolerar a Pancho, pero a nadie más. Uno de mis temores —aunque no se lo dije a nadie— era pensar que mi padre pudiera ser cualquier adicto, cualquier borracho de esquina. Por eso nunca he tomado ni he practicado ningún vicio. Por eso, cuando me enteré de usted, de que existía en mi cuerpo, primero fue algo inconcebible. Pensar que mi intimidad había sido invadida me causó mucho problema, pero en el fondo sentí tranquilidad de saber que mi padre nunca me abandonó. Que realmente nunca estuve solo. ¿Por qué no convencieron a mi madre de unirse a ellos?

—Lo intentaron, pero ella los rechazó. Genéticamente era excepcional, pero después de que naciste se autodestruyó a propósito.

—Por eso le estoy construyendo la casa. Quiero que sepa que ahora la comprendo y es mi forma de pedirle perdón.

—No creo que sea una buena idea que ella se entere de que estás de nuestro lado.

—Sé que será difícil, pero una vez que le expliquemos el plan, debe aceptarlo. Es lo mejor para todos. Seremos los fundadores de una raza superior, más humana, más sana. ¿Quién no quisiera ser parte de eso? Además, por fin podremos reconectarnos. Si usted tenía como tonal a un jaguar, ¿qué tonal tendré yo?

—Primero, déjame recordarte que me hables de *tú*. El “usted” aleja a las personas, y no quiero tenerte lejos. Por otra parte, ¿alguna vez te has sentido muy identificado con algún animal?

—Sí, con ese panzón que está allá enfrente cuidando que los albañiles no se roben el cemento —dijo, refiriéndose a Pancho.

A Vicente se le escapó una risa.

—Hay diferentes tipos de tonales: humano-humano, humano-animal y humano interdimensional. A los extraterrestres les interesa estudiar esos fenómenos metafísicos. Ya han logrado descifrar los misterios de esta realidad en la que existimos, y ahora están enfocados en ampliar sus fronteras.

—¿Eso de los tonales interdimensionales tiene que ver con el gato de Schrödinger?

—No. Ese pinche gato es un ejercicio mental para explicar la superposición, aunque no pueda ni pronunciar el apellido. El espacio-tiempo en el que existimos tiene básicamente tres dimensiones, pero aparte hay un número ilimitado de otras dimensiones, algunas casi idénticas a esta en la que vivimos.

—Yo tampoco puedo pronunciar ese apellido, Schuringuer. Mejor deberían ponerle un nombre a ese gato. ¿Qué nombre le pondrías?

—Pues si yo fuera el gato y estuviera dentro de la caja, cuando alguien la tocara para preguntarme quién soy, le respondería que soy el Gatonini.

—¿Gatonini? ¿Por qué?

—Porque soy el gato que no está ni vivo ni muerto. Gatonini, para abreviar.

—¡Ja! Ese nombre está bueno. No me lo esperaba. ¿Sabías que una persona que no soportaba la incertidumbre abrió la caja y estaba vacía? Ahora andan buscando al gato por todos lados. Han pegado carteles con el dibujo de un gato y la frase “Se busca vivo o muerto”.

—Deberían agregarle “Precaución. Puede ser radioactivo” —dijo Vicente entre risas.

—¡Ja! Es verdad.

Jensen agarró el espejo retrovisor para ver su rostro y explicó en tono serio:

—Me acabo de dar cuenta de que tú también estás en superposición. Estás y no estás —dijo viéndose a los ojos.

—Jejeje, es verdad. Quizá adopte al Gatonini, o quizá no. Lo curioso es que si yo soy como el gato, tú eres como la caja. ¿Te das cuenta? Tu tonal sería una caja, digo, si las cajas tuvieran alma.

—Parece que por primera vez fumaste marihuana —murmuró Pancho desde lejos al ver a Jensen riéndose solo mientras se miraba en el espejo retrovisor.

—¿Pueden los objetos tener alma? —preguntó Jensen.

—No que yo sepa, pero sí pueden guardar energía. ¿Recuerdas el cofre que encontraste en la cabaña?

—¿Cómo olvidarlo? Fue algo muy intenso. ¿Pero cómo es posible eso? ¿Que algunas cosas puedan guardar energía?

—Según ellos, la energía y la información son lo mismo. Sé que para nosotros eso no tiene sentido, pero hablan de que la conciencia crea la realidad y no al revés. Del mismo modo que las almas se fractalizan, también la conciencia, de tal modo que hay una metaconciencia más allá de la conciencia colectiva, la cual se rige por una lógica. A esa lógica nosotros le llamamos matemáticas. No tiene que ver con las ideas religiosas o espirituales, sino que se encarga de crear fractales de realidad, sin juicios ni prejuicios. Para esa conciencia no existe el bien o el mal; solo son fractales de realidades que se crean en el plano metafísico donde existe la matemática, la lógica.

—*Wow*, eso está muy pesado. ¿Pero de dónde sacan esos razonamientos?

—Si la energía siempre funciona de una manera predecible, es porque está programada para ello. Si la energía no estuviera programada, no podría constituirse como energía y reaccionaría de forma diferente cada vez que interactuara con algo, lo cual sería causante de caos. Por otra parte, la energía se transforma en materia y viceversa.

—O sea que si la materia es energía y la energía es información, ¿nosotros somos información?

—Correcto, y podemos ser programados como la materia.

—¿A qué te refieres?

—La materia puede acumular información metafísica e interactuar con otra energía en cualquiera de sus manifestaciones. Así como el cofre en la cabaña se cargó con energía metafísica de las uñas y los cascabeles.

—Si las personas somos materia y energía, ¿también podemos acumular energía metafísica?

—Chico, acabas de preguntar algo muy evidente. ¿Alguna vez has visto que la materia inanimada tenga vida?

—No, no lo creo. El cofre tenía energía, pero no vida.

—Exacto. Sin embargo, nosotros somos materia. ¿Cómo es posible que la materia adquiera vida? La materia está en un espacio-tiempo creado por una metaconciencia que permite la transmisión de conciencia a la materia porque la materia es energía y la energía es información. Claro que deben de haber algunos requisitos. Las piedras no pueden adquirir conciencia, pero los organismos complejos sí. O sea que el espacio-tiempo es más que una dualidad: es una trifecta: Espacio, Tiempo y Conciencia.

—Eso es intenso. Pero si ya descifraron la realidad, como dices, ¿ahora qué les interesa? ¿Qué buscan?

—Es algo extraño. Como no les detecto alma, pienso que no están conectados a la conciencia colectiva. Quizá en su intento de mantenerse en la cúspide evolutiva, manipularon tanto su propio ADN que terminaron perdiendo su alma en el proceso. Al ser seres prácticamente inmortales con una curiosidad infinita, no conocen el límite y quieren acceder al lenguaje de programación del Programador: primero para tener acceso a la metaconciencia y después para hackearla. Dicho de otro modo, creo que se quieren convertir en un dios.

—Sí, eso fue muy intenso —dijo Jensen, encendiendo el motor de la camioneta para irse a desayunar—. Recuerdo que cuando Marina comenzó a hablarme de los extraterrestres, lo primero que pensé fue que tendrían un mensaje para los humanos: de amor y paz, de conservación del planeta y de energía que no contamina para cuidar al mundo.

Un silencio saturó la cabina de la camioneta por un momento. Después, ambos explotaron en carcajadas burlonas.

—Eso sí es un buen chiste —dijo Vicente—. Aunque en realidad no es que sean malos, solo ven por sus propios intereses. Aunque a los demás se los lleve la ching…

Dentro de la cabina, Jensen poco a poco fue serenándose. Pasó una mano por su rostro y suspiró.

—Oye, Papá —dijo, todavía con un resto de sonrisa—. Una cosa.

—Dime.

—Los extraterrestres, con toda su ciencia, con toda esa tecnología que los ayudó a descifrar la realidad… ¿no estarán también encerrados en una caja?

Vicente se quedó pensativo.

—¿A qué te refieres? —preguntó al fin.

—A que ya no pueden ver el mundo como nosotros. Todo lo miden, todo lo calculan, todo lo programan. Su ciencia es tan avanzada que ya no los deja salir de ella. ¿No te das cuenta? También están en superposición: están vivos, pero no tienen alma. Es como si estuvieran muertos. Como el Gatonini. Están adentro de su propia caja. Y la caja se llama “tecnología milenaria”. ¿No crees?

El silencio volvió a llenar la camioneta.

—Eso… —dijo Vicente lentamente— es algo que no había considerado.

—Vamos, te invito un desayuno delicioso. ¿Qué se te antoja? Pero quiero una respuesta directa porque aquí no hay gato encerrado.

—Bueno, Susana con sus drogas, Pancho con sus vicios. Quizá de alguna manera todos estamos encerrados en alguna caja de incertidumbre —dijo en tono sarcástico con su voz fragmentada.

—Recuerda que yo soy la caja, y estoy feliz de que estés adentro.
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