Antología de la Micrera - Microficciones - Parte Final
—Señores pasajeros, les habla su capitán… Estamos gestionando una situación inesperada… Acabamos de colisionar con un ángel.
ACCIDENTE AÉREO
Fabián Andrés Correa Giraldo_Colombia
———oOo———
El estruendo es atroz.
—¿Está bien, señora? —pregunta el chofer. Su voz es firme, sin embargo, en cuanto pronuncia la última palabra su cuerpo se afloja, se aquieta y advierto algo definitivo en esa inmovilidad que me espanta. Otro espanto es el dolor. Tan absoluto que me aplasta contra esta soledad recién estrenada, contra la ruta, el fulgor de los relámpagos, la noche.
Luego de un tiempo que no podría precisar, oigo el motor de un vehículo que se acerca y no deja de asombrarme que mi ser estragado aún pueda oír. De pronto, de pie a mi lado, un desconocido mira mi agónica indefensión y toma su celular con apremio.
—Considérelo hecho, jefe —grita, sobre la ferocidad de la lluvia.
LA CONSPIRACIÓN
Patricia Nasello_Argentina
———oOo———
El invierno se cuela dentro de la estación oeste; su gélida corriente serpentea hasta Adán y Eva, que echados sobre su paraíso de cartón se van escarchando. No les queda solvente para quemar pulmones, ni astillas con que avivar el fuego, por lo que deciden, en un abrazo desesperado, apurruñar sus cuerpos para darse calor. Muriendo de frío Eva le canta en voz alta los coros de antiguas baladas húngaras, y a su vez, Adán le susurra al oído exhalando neblina:
—Morir así es un placer que jamás conocerán los ricos. A la mañana siguiente aparecen en las noticias:
«Hallan pareja de indigentes fallecidos por hipotermia en la estación oeste; los cuerpos son cremados unidos por el rigor mortis».
EL EXTRAÑO EFECTO ANTICAPITALISTA DE LAS BALADAS HÚNGARAS
Ivano Aspesi_Venezuela
———oOo———
El estómago se desprendió del cuerpo por la caída, las piernas dejaron de existir y el mundo se abrió en una grieta negra por donde caí a una velocidad imposible. El aire quemaba. Algo se retorcía abajo, esperan- do. En ese vacío volaba una mariposa blanca; aleteaba con una calma parsimoniosa, más una invitación que una compañía. Pensé que si lograba tocarla todo terminaría, que sería el freno de mi caída. Estiré la mano, me esquivó. Seguí cayendo. Entonces el golpe en mi interior. Desperté con la certeza de estar cayendo todavía. El bus bajaba una pendiente. El motor zumbaba parejo y alguien reía suave en el asiento de adelante. No recordaba haber subido ni de dónde venía. Me limpié el sudor y miré por la ventana. Una mariposa blanca volaba afuera, paralela al bus. Supe que había despertado antes que yo.
LA BAJADA
Cristian Correa_Chile
———oOo———
Se vieron por última vez en un café junto a la estación. El reloj central marcaba lo inevitable; en cinco minutos partía su tren. Era un viaje sin retorno; el destino no era relevante.
Él, con mirada rígida y penetrante, intentaba retenerla con palabras vacías que le hablaban de una vida perfecta entre cerveza, televisión, comida rápida y un trabajo monótono.
Ella dudó, pensó en los buenos momentos y lloró. Luego vio su nombre en el boleto y sonrió. Se levantó, lo besó en la frente como la primera vez. No dijo adiós.
—¿Quién es esa maldita persona por la que me traicionas? —preguntó él. Mientras se alejaba y sin devolver la mirada, dijo con fuerza su propio nombre.
EXILIO CON-SENTIDO
Hvar Lavanda_Chile
———oOo———
Subió a la micro —la 322, el último transbordo— con los pies rotos. El calor pegajoso lo sumía en tristes cavilaciones. Sacó el libro, apoyó la espalda donde no molestara y se absorbió. Manuel Rojas hablaba de mujeres y de vino. Los pies le dolían menos cuando leía. Alguien rozó su mano. Levantó la mirada y los ojos de una mujer lo recibieron. La mano de ella seguía descansando en la suya. Se escudó tras el libro para sentirla. El hechizo terminó con el timbre y el abrupto deslizar de su piel. La vio bajar y no mirar atrás. Volvió al libro y sonrió. Mejor que el vino son ellas.
MEJOR QUE EL VINO
Daniel Blasco_Chile
———oOo———
Todos bajaron en la última parada menos él.
El chofer apagó el motor, recorrió los asientos con la mirada y habló sin volverse.
—Se acabó el recorrido.
El hombre seguía mirando por la ventana, como si la calle continuara más allá de la noche. —Tiene que bajar —repitió el chofer.
Entonces el hombre se levantó despacio, se colgó una mochila invisible y sonrió.
—Perdón —dijo—. Siempre pienso que esta vez sí me quedo. Cuando el chofer volvió a mirar, el asiento estaba vacío.
Solo quedó el leve hundimiento del asiento.
ÚLTIMA PARADA
Joselyn Sepúlveda_Chile
———oOo———
Las hojas secas caían sobre el andén de la estación. Cientos de viajeros esperaban furiosos la llegada del tren, que llegaba en esos momentos. Al menos —refunfuñaban algunos—, recibirían el reembolso del billete, pues el retraso había sido de exactamente sesenta y un minutos. Pierre accedió al vagón, sintiéndose culpable. La maldición que sufría en sus carnes desde hacía doce años provocaba que los trenes en los que iba a viajar siempre salieran con retraso. Él trataba de paliarlo viajando sólo cuando era imprescindible, o haciendo sus periplos en coche, pues le mortificaban los cientos de trastornos que provocaba. No siempre había disponible una ruta que no durara varios días o no fuera un tren.
No obstante, había descubierto la ventaja: cada indemnización por retraso pagaba el siguiente trayecto.
UN MINUTO Y UNA HORA
Mr. Islao_España
———oOo———
Subiste en el 14, en medio del caos de la gente que sale del mall. La 224 venía colapsada, digna de un viernes, así que quedamos pegados en el pasillo, en un tetris humano. No cruzamos miradas, qué plan- cha, pero te espié por el reflejo del vidrio. Tenías las manos en los bolsillos y unos audífonos grandes que dejaban escapar un trap suave. Por diez cuadras fuimos una pareja imaginaria; pensé en hablarte, quizás preguntar qué escuchabas o quejarme del taco. Pero la ilusión duró lo que tarda el semáforo de Gabriela con Ejercito. Tocaste el timbre, murmuraste un «permiso» suave que me revolucionó la piel, y te bajaste. La micro siguió su carrera y yo me quedé ahí, abrazando mi mochila, extrañando a un desconocido.
EL TERMINAL
Marisol Bórquez_Chile
———oOo———
Esa tarde en el paradero fue distinta. Una hermosa chica se detuvo a mi lado y fui el único en notar el billete de mil pesos que se deslizaba desde su bolsillo. De inmediato comencé a imaginar nuestra vida juntos: le devolvía el billete y ella me daba su número. Salíamos, nos gustábamos, yo la presentaba a mi familia y ella hacía lo mismo con la suya. Nuestra boda sería en la catedral de San Ignacio, esa donde grababan los finales de teleseries. Tendríamos tres hijas y un mausoleo familiar donde dormiríamos para siempre. Lamentablemente, yo solo quería mil pesos.
PARADERO
Patricio Lorca_Chile
———oOo———
Siempre que iba a la parada del camión había una niña esperando a la misma hora que yo, de apariencia desprolija y sucia, con una cajita de chicles todo el tiempo en sus manos. La primera vez que la vi no cruzamos miradas, solo me pareció conocida. La segunda vez que me la encontré me miró, pero no me ofreció chicles. La tercera vez, apenas llegué no me dejaba de ver, pero tenía una mirada diferente, me miraba con rabia y me fijé que los chicles de la caja estaban tirados en la calle. La cuarta vez que fui a tomar el camión ya no la vi, solamente me quedaba la culpa de haberla atropellado, ese día ni siquiera había vendido sus chicles.
LA NIÑA DE LOS CHICLES
Paula G._México
———oOo———
—Se le cayó algo —dijo la joven.
—Gracias —dije, mirando el piso. No encontré nada. Levanté la vista y ella no estaba. La busqué entre los pocos pasajeros que ocupaban el colectivo. No estaba.
Después, una señora subió en Balcarce. Me levanté para dejarle el asiento. Agradeció y se sentó. Me distraje al pasar por la rotonda del barrio Libertador. Cuando volví a mirar, el asiento estaba vacío. No encontré a la señora. Me senté.
Un joven que miraba su celular desapareció antes de llegar a Pozos. Una enfermera se esfumó por el Liceo y un policía, en la Plaza Alem. Elucubrando fantasmas, me perdí mirando por la ventanilla. Reac- cioné con un bocinazo. Mi reflejo no estaba en el cristal. Sorprendi- do, miré hacia mi pecho. El asiento estaba vacío.
TODOS LOS BONDIS SE ACUERDAN DE NOSOTROS
Daniel Frini_Argentina
———oOo———
El viajero se ha tendido, a descansar su fatiga, a la sombra de un árbol del camino. El sol lanza a la selva, oleadas de calor. Silencio infinito…
¿Qué se han hecho las aves?… ¿Qué se ha hecho el viento?… Todo parece dormido… Solo un viejo tucán, polícromo como un obispo, en la rama de un zapote, cabecea, sonámbulo, al sol. De pronto, un rugido rompe el cristal del mediodía. ¡Sonido espantoso! La dormida selva se persigna a la distancia. El viajero se levanta y trata de escuchar en el silencio, pensando en su delirio: «¿Tigre hambriento que ruge, o el sueño de un hombre extraviado?». La selva, reino verde, inmenso como el mar, tiene cosas peligrosas de mito ancestral. Quema el sol… quema… Y del boscaje brota, brota el rugido… es un tigre antropófago que está diciendo el poema de las cosas que acaban. Viajero: es el tigre.
EL TIGRE
Said Vladimir Ramírez_México
———oOo———
De regreso del paseo, el bus se averió tras un quejido mecánico. El chofer bajó con paño en mano, levantó el capó e insultó al motor. Los niños saltaron de sus asientos para pegarse a las ventanas. Entonces la vieron. Desfilaba por la cresta del cerro, lucía un traje moteado con encanto silvestre; hizo del pasto su pasarela y del sol un reflector de gala de alta costura.
—Solo era el carburador —rebuznó el chofer, de vuelta al volante. El motor roncó y el bus reanudó su marcha. Los niños la despidieron con la mano, viéndola más y más pequeña desde la ventana trasera. Estaban convencidos de lo que habían presenciado:
—Era una vaca, pero se cree modelo.
PASARELA SILVESTRE, KILOMETRO 18
Gino Curiel Rondini_Venezuela
———oOo———
El niño Miguel lleva abrazado a su gatito de peluche. Lo ha traído como único recuerdo de la vida que tuvo en sus primeros años, lejos, en esa patria latina. La familia del chico vislumbra el otro lado de la frontera. El coyote les ordena discreción y rapidez para cruzar.
La expresión de júbilo de los parientes se mezcla con el llanto del pequeño: en la prisa el gatito ha quedado del otro lado del borde.
EL GATO DE PELUCHE
Daisuke_Chile
———oOo———
Tras la limpieza en el estanque del Retiro se han encontrado: veinticuatro sillas, once papeleras, ocho bancos de madera, tres contenedores, cincuenta teléfonos móviles, una máquina expendedora de chicles, varios carros de la compra, una caja fuerte vacía, sombrillas y artículos personales como cámaras de fotos, gafas de sol y zapatos. Así mismo han aparecido dos cuchillos de grandes dimensiones, una urna funeraria, tres dentaduras y dos pistolas.
Ni rastro de lo que yo perdí en aquel paseo en barca con el amigo de mamá.
TESOROS HUNDIDOS
Raquel Traverso_España
———oOo———
CRÉDITOS
o nuestro combustible
Y llegamos al final de este viaje lleno de microrrelatos que abordaron diversos temas, puntos de vista, emociones y giros. Cien voces de doce países que se reunieron en La Micrera y son La Micrera, porque esta antología no se hace sola.
Agradezco a los autores que se sumaron este año con su talento, a todos los participantes seleccionados y a los que no; quizás el próximo año sea su turno. Agradezco a los autores que volvieron a confiar en mi trabajo y se han convertido en Pasajeros Frecuentes.
Agradezco a Omar Ochi, editor de Edel Ediciones, por su apoyo constante en redes y, probablemente, el culpable de la integración de algunos autores.
A Lilian Elphick, por brindarme su tiempo en época de vacaciones, para compartir su experiencia y un pedacito de su historia.
A Conrado Hayler, por sus consejos artísticos y literarios que me ayudaron a perfeccionar esta edición.
A mi familia, por el cariño. A los que se sumaron por curiosidad y esperarán la próxima convocatoria.Y te agradezco a ti, lector, por llegar aquí. Recuerda compartir nuestro trabajo dando los créditos corres- pondientes a los autores y a nuestra edición.
En asuntos menos narrativos y más técnicos, se procederá a nombrar los medios y aplicaciones utilizados en el presente libro digital:
Las fotografías de la portada fueron obtenidas en la plataforma Pinterest. En la primera fotografía muestra un grupo de colectivos Mercedes-Benz L 312, producidos a partir de 1958 en Argentina. En la segunda, un Mercedes-Benz LO 911, de la empresa CUTCSA, entre 1960 y 1970 que circulaban en Uruguay. En tercer lugar, un bondi argentino de la década de 1940, un antiguo Chevrolet de la Línea 20 con destino Tolosa-Villa Elvira. En cuarto lugar, de la línea Vivace- ta-Matadero de Santiago, Chile. La quinta muestra la locomoción GM New Look de Nueva York, popular de la década de 1940 a 1960. La sexta y última, entre 1960 y 1970, nuevamente en Santiago de Chile, con una micro del recorrido Ovalle-Negrete.
Las fotografías del collage de Lilian Elphick pertenecen a la autora. El dinosaurio es un dibujo de Sergio Astorga y el fondo de su serie «Trazos y Gestualidades». La entrevista se realizó a través de Google Meet, el 26 de enero del 2026.
Las ilustraciones de cada ruta fueron montadas en su mayoría con recursos digitales de la aplicación Canva, a excepción de ciertos ele- mentos, como las ilustraciones de M. C. Escher, pertenecientes a las obras «Waterfall» y «Balcony». La fotografía es de la icónica escena de Vivien Leigh y Clark Gable en la película «Lo que el viento se llevó». Y la fotografía de los dos canes, titulada «Albino brothers», es de Urriola Street, publicada en la página Tripadvisor.com.
Por último, la maquetación se realizó en Adobe Illustrator, usando la tipografía Centaur.
Muchas gracias por acompañarme en este recorrido.
A. M. Riquelme Suazo
———oOo———
Esta edición de “La Micrera, Antología 2026” se publicó de forma virtual el 26 de marzo del 2026 desde Santiago de Chile, con la fuerza del viento de Hualpén.
ACCIDENTE AÉREO
Fabián Andrés Correa Giraldo_Colombia
———oOo———
El estruendo es atroz.
—¿Está bien, señora? —pregunta el chofer. Su voz es firme, sin embargo, en cuanto pronuncia la última palabra su cuerpo se afloja, se aquieta y advierto algo definitivo en esa inmovilidad que me espanta. Otro espanto es el dolor. Tan absoluto que me aplasta contra esta soledad recién estrenada, contra la ruta, el fulgor de los relámpagos, la noche.
Luego de un tiempo que no podría precisar, oigo el motor de un vehículo que se acerca y no deja de asombrarme que mi ser estragado aún pueda oír. De pronto, de pie a mi lado, un desconocido mira mi agónica indefensión y toma su celular con apremio.
—Considérelo hecho, jefe —grita, sobre la ferocidad de la lluvia.
LA CONSPIRACIÓN
Patricia Nasello_Argentina
———oOo———
El invierno se cuela dentro de la estación oeste; su gélida corriente serpentea hasta Adán y Eva, que echados sobre su paraíso de cartón se van escarchando. No les queda solvente para quemar pulmones, ni astillas con que avivar el fuego, por lo que deciden, en un abrazo desesperado, apurruñar sus cuerpos para darse calor. Muriendo de frío Eva le canta en voz alta los coros de antiguas baladas húngaras, y a su vez, Adán le susurra al oído exhalando neblina:
—Morir así es un placer que jamás conocerán los ricos. A la mañana siguiente aparecen en las noticias:
«Hallan pareja de indigentes fallecidos por hipotermia en la estación oeste; los cuerpos son cremados unidos por el rigor mortis».
EL EXTRAÑO EFECTO ANTICAPITALISTA DE LAS BALADAS HÚNGARAS
Ivano Aspesi_Venezuela
———oOo———
El estómago se desprendió del cuerpo por la caída, las piernas dejaron de existir y el mundo se abrió en una grieta negra por donde caí a una velocidad imposible. El aire quemaba. Algo se retorcía abajo, esperan- do. En ese vacío volaba una mariposa blanca; aleteaba con una calma parsimoniosa, más una invitación que una compañía. Pensé que si lograba tocarla todo terminaría, que sería el freno de mi caída. Estiré la mano, me esquivó. Seguí cayendo. Entonces el golpe en mi interior. Desperté con la certeza de estar cayendo todavía. El bus bajaba una pendiente. El motor zumbaba parejo y alguien reía suave en el asiento de adelante. No recordaba haber subido ni de dónde venía. Me limpié el sudor y miré por la ventana. Una mariposa blanca volaba afuera, paralela al bus. Supe que había despertado antes que yo.
LA BAJADA
Cristian Correa_Chile
———oOo———
Se vieron por última vez en un café junto a la estación. El reloj central marcaba lo inevitable; en cinco minutos partía su tren. Era un viaje sin retorno; el destino no era relevante.
Él, con mirada rígida y penetrante, intentaba retenerla con palabras vacías que le hablaban de una vida perfecta entre cerveza, televisión, comida rápida y un trabajo monótono.
Ella dudó, pensó en los buenos momentos y lloró. Luego vio su nombre en el boleto y sonrió. Se levantó, lo besó en la frente como la primera vez. No dijo adiós.
—¿Quién es esa maldita persona por la que me traicionas? —preguntó él. Mientras se alejaba y sin devolver la mirada, dijo con fuerza su propio nombre.
EXILIO CON-SENTIDO
Hvar Lavanda_Chile
———oOo———
Subió a la micro —la 322, el último transbordo— con los pies rotos. El calor pegajoso lo sumía en tristes cavilaciones. Sacó el libro, apoyó la espalda donde no molestara y se absorbió. Manuel Rojas hablaba de mujeres y de vino. Los pies le dolían menos cuando leía. Alguien rozó su mano. Levantó la mirada y los ojos de una mujer lo recibieron. La mano de ella seguía descansando en la suya. Se escudó tras el libro para sentirla. El hechizo terminó con el timbre y el abrupto deslizar de su piel. La vio bajar y no mirar atrás. Volvió al libro y sonrió. Mejor que el vino son ellas.
MEJOR QUE EL VINO
Daniel Blasco_Chile
———oOo———
Todos bajaron en la última parada menos él.
El chofer apagó el motor, recorrió los asientos con la mirada y habló sin volverse.
—Se acabó el recorrido.
El hombre seguía mirando por la ventana, como si la calle continuara más allá de la noche. —Tiene que bajar —repitió el chofer.
Entonces el hombre se levantó despacio, se colgó una mochila invisible y sonrió.
—Perdón —dijo—. Siempre pienso que esta vez sí me quedo. Cuando el chofer volvió a mirar, el asiento estaba vacío.
Solo quedó el leve hundimiento del asiento.
ÚLTIMA PARADA
Joselyn Sepúlveda_Chile
———oOo———
Las hojas secas caían sobre el andén de la estación. Cientos de viajeros esperaban furiosos la llegada del tren, que llegaba en esos momentos. Al menos —refunfuñaban algunos—, recibirían el reembolso del billete, pues el retraso había sido de exactamente sesenta y un minutos. Pierre accedió al vagón, sintiéndose culpable. La maldición que sufría en sus carnes desde hacía doce años provocaba que los trenes en los que iba a viajar siempre salieran con retraso. Él trataba de paliarlo viajando sólo cuando era imprescindible, o haciendo sus periplos en coche, pues le mortificaban los cientos de trastornos que provocaba. No siempre había disponible una ruta que no durara varios días o no fuera un tren.
No obstante, había descubierto la ventaja: cada indemnización por retraso pagaba el siguiente trayecto.
UN MINUTO Y UNA HORA
Mr. Islao_España
———oOo———
Subiste en el 14, en medio del caos de la gente que sale del mall. La 224 venía colapsada, digna de un viernes, así que quedamos pegados en el pasillo, en un tetris humano. No cruzamos miradas, qué plan- cha, pero te espié por el reflejo del vidrio. Tenías las manos en los bolsillos y unos audífonos grandes que dejaban escapar un trap suave. Por diez cuadras fuimos una pareja imaginaria; pensé en hablarte, quizás preguntar qué escuchabas o quejarme del taco. Pero la ilusión duró lo que tarda el semáforo de Gabriela con Ejercito. Tocaste el timbre, murmuraste un «permiso» suave que me revolucionó la piel, y te bajaste. La micro siguió su carrera y yo me quedé ahí, abrazando mi mochila, extrañando a un desconocido.
EL TERMINAL
Marisol Bórquez_Chile
———oOo———
Esa tarde en el paradero fue distinta. Una hermosa chica se detuvo a mi lado y fui el único en notar el billete de mil pesos que se deslizaba desde su bolsillo. De inmediato comencé a imaginar nuestra vida juntos: le devolvía el billete y ella me daba su número. Salíamos, nos gustábamos, yo la presentaba a mi familia y ella hacía lo mismo con la suya. Nuestra boda sería en la catedral de San Ignacio, esa donde grababan los finales de teleseries. Tendríamos tres hijas y un mausoleo familiar donde dormiríamos para siempre. Lamentablemente, yo solo quería mil pesos.
PARADERO
Patricio Lorca_Chile
———oOo———
Siempre que iba a la parada del camión había una niña esperando a la misma hora que yo, de apariencia desprolija y sucia, con una cajita de chicles todo el tiempo en sus manos. La primera vez que la vi no cruzamos miradas, solo me pareció conocida. La segunda vez que me la encontré me miró, pero no me ofreció chicles. La tercera vez, apenas llegué no me dejaba de ver, pero tenía una mirada diferente, me miraba con rabia y me fijé que los chicles de la caja estaban tirados en la calle. La cuarta vez que fui a tomar el camión ya no la vi, solamente me quedaba la culpa de haberla atropellado, ese día ni siquiera había vendido sus chicles.
LA NIÑA DE LOS CHICLES
Paula G._México
———oOo———
—Se le cayó algo —dijo la joven.
—Gracias —dije, mirando el piso. No encontré nada. Levanté la vista y ella no estaba. La busqué entre los pocos pasajeros que ocupaban el colectivo. No estaba.
Después, una señora subió en Balcarce. Me levanté para dejarle el asiento. Agradeció y se sentó. Me distraje al pasar por la rotonda del barrio Libertador. Cuando volví a mirar, el asiento estaba vacío. No encontré a la señora. Me senté.
Un joven que miraba su celular desapareció antes de llegar a Pozos. Una enfermera se esfumó por el Liceo y un policía, en la Plaza Alem. Elucubrando fantasmas, me perdí mirando por la ventanilla. Reac- cioné con un bocinazo. Mi reflejo no estaba en el cristal. Sorprendi- do, miré hacia mi pecho. El asiento estaba vacío.
TODOS LOS BONDIS SE ACUERDAN DE NOSOTROS
Daniel Frini_Argentina
———oOo———
El viajero se ha tendido, a descansar su fatiga, a la sombra de un árbol del camino. El sol lanza a la selva, oleadas de calor. Silencio infinito…
¿Qué se han hecho las aves?… ¿Qué se ha hecho el viento?… Todo parece dormido… Solo un viejo tucán, polícromo como un obispo, en la rama de un zapote, cabecea, sonámbulo, al sol. De pronto, un rugido rompe el cristal del mediodía. ¡Sonido espantoso! La dormida selva se persigna a la distancia. El viajero se levanta y trata de escuchar en el silencio, pensando en su delirio: «¿Tigre hambriento que ruge, o el sueño de un hombre extraviado?». La selva, reino verde, inmenso como el mar, tiene cosas peligrosas de mito ancestral. Quema el sol… quema… Y del boscaje brota, brota el rugido… es un tigre antropófago que está diciendo el poema de las cosas que acaban. Viajero: es el tigre.
EL TIGRE
Said Vladimir Ramírez_México
———oOo———
De regreso del paseo, el bus se averió tras un quejido mecánico. El chofer bajó con paño en mano, levantó el capó e insultó al motor. Los niños saltaron de sus asientos para pegarse a las ventanas. Entonces la vieron. Desfilaba por la cresta del cerro, lucía un traje moteado con encanto silvestre; hizo del pasto su pasarela y del sol un reflector de gala de alta costura.
—Solo era el carburador —rebuznó el chofer, de vuelta al volante. El motor roncó y el bus reanudó su marcha. Los niños la despidieron con la mano, viéndola más y más pequeña desde la ventana trasera. Estaban convencidos de lo que habían presenciado:
—Era una vaca, pero se cree modelo.
PASARELA SILVESTRE, KILOMETRO 18
Gino Curiel Rondini_Venezuela
———oOo———
El niño Miguel lleva abrazado a su gatito de peluche. Lo ha traído como único recuerdo de la vida que tuvo en sus primeros años, lejos, en esa patria latina. La familia del chico vislumbra el otro lado de la frontera. El coyote les ordena discreción y rapidez para cruzar.
La expresión de júbilo de los parientes se mezcla con el llanto del pequeño: en la prisa el gatito ha quedado del otro lado del borde.
EL GATO DE PELUCHE
Daisuke_Chile
———oOo———
Tras la limpieza en el estanque del Retiro se han encontrado: veinticuatro sillas, once papeleras, ocho bancos de madera, tres contenedores, cincuenta teléfonos móviles, una máquina expendedora de chicles, varios carros de la compra, una caja fuerte vacía, sombrillas y artículos personales como cámaras de fotos, gafas de sol y zapatos. Así mismo han aparecido dos cuchillos de grandes dimensiones, una urna funeraria, tres dentaduras y dos pistolas.
Ni rastro de lo que yo perdí en aquel paseo en barca con el amigo de mamá.
TESOROS HUNDIDOS
Raquel Traverso_España
———oOo———
CRÉDITOS
o nuestro combustible
Y llegamos al final de este viaje lleno de microrrelatos que abordaron diversos temas, puntos de vista, emociones y giros. Cien voces de doce países que se reunieron en La Micrera y son La Micrera, porque esta antología no se hace sola.
Agradezco a los autores que se sumaron este año con su talento, a todos los participantes seleccionados y a los que no; quizás el próximo año sea su turno. Agradezco a los autores que volvieron a confiar en mi trabajo y se han convertido en Pasajeros Frecuentes.
Agradezco a Omar Ochi, editor de Edel Ediciones, por su apoyo constante en redes y, probablemente, el culpable de la integración de algunos autores.
A Lilian Elphick, por brindarme su tiempo en época de vacaciones, para compartir su experiencia y un pedacito de su historia.
A Conrado Hayler, por sus consejos artísticos y literarios que me ayudaron a perfeccionar esta edición.
A mi familia, por el cariño. A los que se sumaron por curiosidad y esperarán la próxima convocatoria.Y te agradezco a ti, lector, por llegar aquí. Recuerda compartir nuestro trabajo dando los créditos corres- pondientes a los autores y a nuestra edición.
En asuntos menos narrativos y más técnicos, se procederá a nombrar los medios y aplicaciones utilizados en el presente libro digital:
Las fotografías de la portada fueron obtenidas en la plataforma Pinterest. En la primera fotografía muestra un grupo de colectivos Mercedes-Benz L 312, producidos a partir de 1958 en Argentina. En la segunda, un Mercedes-Benz LO 911, de la empresa CUTCSA, entre 1960 y 1970 que circulaban en Uruguay. En tercer lugar, un bondi argentino de la década de 1940, un antiguo Chevrolet de la Línea 20 con destino Tolosa-Villa Elvira. En cuarto lugar, de la línea Vivace- ta-Matadero de Santiago, Chile. La quinta muestra la locomoción GM New Look de Nueva York, popular de la década de 1940 a 1960. La sexta y última, entre 1960 y 1970, nuevamente en Santiago de Chile, con una micro del recorrido Ovalle-Negrete.
Las fotografías del collage de Lilian Elphick pertenecen a la autora. El dinosaurio es un dibujo de Sergio Astorga y el fondo de su serie «Trazos y Gestualidades». La entrevista se realizó a través de Google Meet, el 26 de enero del 2026.
Las ilustraciones de cada ruta fueron montadas en su mayoría con recursos digitales de la aplicación Canva, a excepción de ciertos ele- mentos, como las ilustraciones de M. C. Escher, pertenecientes a las obras «Waterfall» y «Balcony». La fotografía es de la icónica escena de Vivien Leigh y Clark Gable en la película «Lo que el viento se llevó». Y la fotografía de los dos canes, titulada «Albino brothers», es de Urriola Street, publicada en la página Tripadvisor.com.
Por último, la maquetación se realizó en Adobe Illustrator, usando la tipografía Centaur.
Muchas gracias por acompañarme en este recorrido.
A. M. Riquelme Suazo
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Esta edición de “La Micrera, Antología 2026” se publicó de forma virtual el 26 de marzo del 2026 desde Santiago de Chile, con la fuerza del viento de Hualpén.