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c/LiteraturaESP by u/fictograma 2w ago fictograma.com

En botas de otro hombre - Cap 2

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Aquí tienes el texto con corrección **ortográfica, acentuación y uso adecuado de la raya de diálogo**, respetando completamente el contenido original:

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El atardecer fue recibido con una balacera. Un grupo de hombres a caballo atacaban la tienda general. Tras concluir su violenta incursión, salieron del pueblo a toda prisa. Unos minutos después, el sheriff aparecía en la escena del crimen.

Gerald le vio hablar con varios testigos y con el dueño de la tienda. Decir que el afectado estaba molesto era quedarse corto. Las cosas se torcieron cuando el hombre intentó golpear al sheriff; el ayudante le dio con la culata de su rifle en la nuca, haciéndolo caer al suelo. Luego lo arrastraron y se lo llevaron a la comisaría.

Un hombre salió del bar y se acercó a la zapatería.

—Buenas tardes, Gerald.

—Buenas tardes, John. ¿Qué ha pasado ahora?

—Ernest y sus hombres han estado intentando que Henry les venda la tienda.

—¿Y por qué no la vende?

—Porque le están ofreciendo centavos por ella. Se ha negado. Ernest no se lo tomó bien… lo demás ya lo sabes.

—¿Y el sheriff?

—Ya lo sabes. No va a hacer nada. Dice que no sabemos quiénes son los criminales. Cuando Henry exigió al sheriff que haga algo y lo llamó inútil, el sheriff amenazó con encerrarlo. Henry lo atacó y lo demás lo viste.

—Esto se va a volver un infierno —reconoció Gerald.

Williams se les acercó.

—¿Qué pasará con Henry? —preguntó.

—El sheriff lo tendrá encerrado un día o dos hasta que se calme, luego le dejará ir… al final, tendrá que vender la tienda —contestó John.

—Es eso o los hombres de Ernest lo matarán —añadió Gerald.

—No es el único en problemas —dijo Williams—. Me han ofrecido un monto ridículo por la maderera.

—¿Qué vas a hacer, venderás? —preguntó John.

—No puedo hacerlo, estoy en quiebra, pero soy buen negociante. Les he prometido venderles madera con un gran descuento.

—¿Para qué quieren madera un grupo de forajidos?

—¿Para qué quieren una tienda de artículos? Hay algo en este pueblo, y a mí me huele a dinero —contestó Williams, tocándose la nariz.

John miró en todas direcciones.

—¿Dinero? ¿Aquí?

—¿Te han dicho algo tus contactos en Dodge City? —preguntó Gerald.

—Aún no, pero me enteré de que hay un grupo de Rangers moviéndose por la zona. Dicen que van detrás de la banda de Mazbit.

John emitió un silbido leve.

—Mazbit, ese y su grupo sí son malas noticias.

Gerald y Williams asentían en confirmación. Mientras pensaban en sus asuntos, un grupo de caballos llegó al pueblo. Los tres hombres se giraron de inmediato. No había sorpresas: eran los mismos caballos y los mismos jinetes que disparaban a la tienda de artículos de Henry unos minutos antes. Los cinco forajidos ataron sus caballos frente al bar y entraron en el local entre risas y bromas, como si no hubiese pasado nada.

—Jesús Cristo… —dijo John.

—No tomes el nombre del Señor en vano —le reprochó Gerald.

—No te tomaba por un hombre del Señor —reconoció Williams.

—Y no lo soy.

John y Williams se miraron confusos.

—¿Cómo va lo de las zapatillas? —preguntó Williams tras unos minutos de silencio.

Gerald abrió la puerta, entró en la casa y volvió con una de las zapatillas.

—Estaban en muy mal estado. Tomará tiempo, pero creo que puedo hacerlo.

—Mientras estén listas para el mes entrante será suficiente.

La puerta del bar se abrió de golpe. Alguien cayó al suelo.

—Ese es Roy —reconoció John desde la distancia.

La puerta del bar se volvió a abrir. Uno de los hombres de Ernest salió con la pistola en mano. Roy se incorporó. El pistolero le disparó a los pies dos veces, haciéndole saltar.

—Corre —dijo mientras reía.

Roy se quedó petrificado.

—¡Corre! —gritó, para luego dispararle a los pies por segunda vez.

Roy echó a correr por la calle. El pistolero le vio alejarse, levantó el arma y apuntó; cuando estaba a punto de tirar del gatillo, la puerta del bar se abrió.

—Melvin, deja de jugar —dijo un hombre alto, blanco, con barba y vestido de negro.

Melvin emitió un chasquido de fastidio, enfundó su arma y entró en el bar. El hombre de la barba se quedó mirando en dirección a la zapatería unos segundos. Sus ojos se encontraron con los de Gerald. Tras sostenerse las miradas, se dio la vuelta y entró al bar.

—Ese era Ernest, ¿no? —preguntó Gerald con indiferencia.

—Así es —confirmó John, aún estupefacto por la falta de miedo en Gerald.

—Trataré de tener listas tus zapatillas para final de mes —dijo Gerald con tranquilidad.

—Genial, solo espero que sigamos vivos para entonces —auspició Williams—. ¿Dónde está tu mujer?

—En casa del herrero, ayudando a Hilda a hacer un pastel de carne… y no es mi mujer.

John y Williams se miraron uno a otro.

—¿No es tu mujer?

—No, no lo es. Tampoco es mi hijo.

Eso solo aumentó la curiosidad de los dos hombres. Gerald los miró a la cara con cierto fastidio.

—Es un buen chico —dijo Williams, tratando de relajar el ambiente.

—Sí, pero hay que mantenerlo vigilado. Si te descuidas, se mete en problemas —añadió Gerald.

—Como todos los niños.

Los tres hombres se quedaron en silencio mirando a la calle.

—Entonces, Jane... ¿no te importa si me acerco? —dijo John.

Williams miró a John con cara de incredulidad. Gerald dejó salir un suspiro exasperado y entró en la casa. John miró a Williams perplejo.

—¿Qué? Es una mujer guapa.

—John, eres casado.

—¿Y?

Williams sacudió la cabeza y se alejó. John se encogió de hombros y regresó al bar. Dentro de la casa, Gerald dejó la zapatilla sobre la mesa. Miraba sus manos temblorosas mientras las abría y las cerraba. Se acercó al estante y se detuvo frente a la botella de whisky, y tragó en seco. Agarró la botella y la sostuvo contra su frente.

—Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre —recitaba mientras apretaba la botella con fuerza.

Un poco antes de terminar su oración, colocó la botella en el estante, se acercó a su puesto de trabajo y empezó a trabajar en un par de botas mientras recitaba el padrenuestro una y otra vez. Jane y Jeremy llegaron una hora después.

—¿Cómo está Leonard? —preguntó Gerald.

—Bien, pero lo ha estado discutiendo con Hilda y parece que se marcharán pronto. Este pueblo va a desaparecer —dijo Jane con resignación.

Tanto ella como Gerald miraron al pequeño Jeremy, que jugaba con una vieja herradura. Luego sus ojos se encontraron.

—Williams cree que Ernest y sus hombres están buscando algo en el pueblo.

—¿Algo o a alguien? —preguntó Jane.

—No lo sé.

Gerald levantó la mirada en dirección al bar.

—Solo espero que encuentren lo que están buscando antes de que este pueblo arda.
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